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La estación donde Growing me esperaba, estaba llena de paisanos. Las batas blancas y los sombreros de paja daban aquello un aire de domingo de Pascua. El edificio no era muy profundo, pero si alto, antiguo y le habían pintado hace unos años de color caramelo. Frente a él habían construido una plaza llena de árboles y una parada de bus. Me situé casi cerca de las taquillas. La gente se movía desde dentro hacia el exterior. Era un vaivén que no respetaba ningún estilo, los paisanos de Vilanova i La Geltrú, un pueblo pegado a Barcelona, cargaban con esmero su fama de lunáticos. Los días anteriores a esta cita, unos mensajes intercambiados con Growing –via twitter- me decían que podría encontrarle en esta casa de vías. Mientras le esperaba, los repase mentalmente:
“¡Uff! Growing ¡qué difícil! nada más complicado que pasar de la producción de la semana al ocio… jrick”
“Clak! amigo Growing, se acerca el día 29. La pala y el pico están asomando a los que somos de cuello blanco. jrick”
“Growing, estamos en jueves y el plato de sopa lleva acetileno. Nadie estará listo para la boda. Solo Francisquita y su amado esposo. Tuyo jrick”
Había demasiada confusión en ello, pero aparecían Francisquita y su esposo que habían dejado en su vida una cuenta sentimental. Así se decía en estos días, cuando alguno te jugaba alguna pasada. Pero ayer a última hora, por mi parte, le había puesto uno más sencillo:
“Estaré en la estación de Vilanova y La Geltrú. Cerca de las 8. Growing trae papel de fumar jrick”.
No sé por qué este mensaje daría en el clavo. Le atraería hasta la madriguera. No le veía desde hacía tres años, cuando en otra estación más pequeña habíamos intercambiado dos papeles. Aún conservo el mío que el leyó y me devolvió y que descansa sobre una mesa camilla. Decía:
“La nevera de casa está alterada. Le he echado gasolina y una cerilla. El fuego y las chispas han atraído un enjambre de bomberos y el delta de agua formado me ha hecho feliz”. Aquella nota tan extraña, imposible de certificar en la realidad, había continuado en una densa y compleja explicación en twitter. Nada más que palabras y anhelos. Siempre supuse que su mito era una creación personal y desde el otro lado alguien me respondía, quizás, un lejano pariente, o un bondadoso amigo. Pero yo le había visto. En aquella estación y en ese día de hace tres años, en el cual aún conservo su papel, y puedo citarlo de corrido:
“He comido un caramelo esta mañana. O… dos. Y te puedo explicar lo que se siente al morir un ser querido”. De lo que deduje, que en la clave de nuestros cruces virtuales estaba la muerte de su mujer y mi soledad -sin remedio.
¡Allí esta! Le vi aparecer por la puerta a mi derecha. Era una tarde calurosa. Estábamos en julio y aun pegaba en estas tierras un calentón. Todos íbamos hartos de bregar con el zumbido de los mosquitos tigre. Pero el llevaba una gabardina marrón clara -de aquellas años 50. Y en el bolsillo derecho, sobresalía una botella de cristal de leche, de litro, de la marca Letona. Esa era su carta de presentación. En la post guerra bajo el franquismo, bebíamos esta marca en el área de Barcelona. Le salude. Me miro sin más y decidimos ir al bar de la estación. No podíamos ir más lejos. Aquel viejo edificio, aún conservaba un sitio de café sin miedo a ser invadido por luces de neón u olores de pescadito frito. No tenía grandes ventanales para ver los trenes o la plaza. Todo se reducía a un caserón de paredes anchas y frías. Al sentarnos, el pidió un café, en mi caso un cortado. Estuve indeciso… si hablar largas horas o dejar que el silencio se comiera la antigua amistad. Al fin dijo:
–He recibido tus mensajes por twitter. Me ha causado gracia lo de la pala y el pico. En mi época creíamos que eran un símbolo. De nuestras maneras de vivir -agrego. Pero, ¡ya no quedan obreros! ¡Están obsoletos! Si Ud. ve alguno dígamelo -vía twitter. Le juro que iré a echarle una foto. Y, –agregó- ya casi no salgo de casa. Vivo encerrado en un cobertizo que da a un jardín. Las plantas se comen a la hierba y los bichos, grandes, tercos y estúpidos, me reciben con euforia. Todo se lo está comiendo el pasto. Cada día con la manguera les suelto agua para aumentar nuestra cita. Me atrevo a decir, que un día de estos la hiedra cerrara mi puerta y se quedaran sin líquido. Salgo una vez a la semana para comprar y me visita una vecina frondosa. ¿Se dice frondosa? Y me miro como inquiriendo si una señora rolliza era una alegría o una tentación. Le respondí:
–No, tal vez digamos llena de carnes.
–Da igual. Es tan rellena, que se parece al estilo de mi patio. Me ayuda a ahuyentar mi espíritu débil y atrabiliario. ¿Y tú? Ese tuteo me desplazaría del imaginario del verde valle descrito. Dije:
–Desde hace tiempo, vago sin remedio. He arreglado una radio antigua, de las que llevan lámparas y madera, y escucho un programa de noche. Hablan de vampiros, de apariciones. Del más allá. Tengo mucho miedo a perder mi lucidez. No tengo señora rubia ni lagarto, ni perro que me anime.
Grow me miro. Le parecía un consuelo que mi situación fuera peor a la suya. Intento apoyarme, aunque no sé si le salió bien.
–Mire Ud. debería encontrar una vecina como la de mi patio. Le ayudara a contar las horas en que se desplaza sigilosa mientras Ud. prepara la siguiente copa, o el vocablo para intercambiar alguna conversación. O, echarle una miradita de reojo para satisfacer su ansiedad masculina.
–No es lo mío -respondí. Hace tiempo que ese tipo de mujeres me sitúa en una especie de desconcierto. Grow dejo pasar unos minutos y contraataco.
–Pues sabe amigo, haremos una cosa, nos veremos una vez cada 15 días. En este bar de la estación, prometo serle fiel a la cita. Se puso de pie y se despidió. Al verle escapar por aquel portal no pude más que hundirme. Me levante, pague y marche a casa.
Al llegar mire en Twitter, había un mensaje suyo:
“La vaca esta muda. He probado no regar el pasto y los bichos han palidecido. Volveré a verle en 15 días. Growing –y será en Vilanova”
Le respondí antes de hacer la cena:
“Growing: la entrevista de ayer en la estación me dejo sorprendido. Estoy menos amargado, pero esperare tu nuevo mensaje” jrick
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