“Aquella calle que… y desearía que algún amigo se asomara: CALLE BURGOS

By Santiago Fernandez Rodriguez

En apenas cincuenta metros empedrados puede ocurrir una vida. Intermitentemente estival y anti mesetaria.
En sólo 50 metros. Era mi calle solo durante tres o cuatro meses al año, pero MI CALLE, la de mi abuela, la de los veranos. Cincuenta metros empedrados que van de mi niñez a mi juventud, desde los juegos infantiles a los juegos del amor. Y del desamor. Cincuenta jodidos metros de pura felicidad, soñados y añorados de septiembre a junio y tachando días en el almanaque.

_ Neno, baja al bar Castil y sube un poco de vino blanco para el guiso.
_ ¿Abuela, que hay para merendar?
_Una rebanada de pan con nata y azúcar.

Hace años que no paso por allí y quizá me añore como yo la añoro. “…al lugar donde fuiste feliz no debieras volver…”. Pues vale, quizá sea mejor así, con el tiempo parado de niño, cuando la única regla era ser niño, joven, cuando cada día era radicalmente igual al anterior, pero diferente.

No es, en absoluto, una calle importante en el callejero de la villa canguesa, no tiene árboles, ni aceras; sólo un bar y toneladas de recuerdos ocultos en cada rendija o esquina. Amigos de la calle Burgos. Algunos ya nos han dejado, otros se han perdido en los años o en las amarillentas fotografías que me los traen de vez en cuando con alegría y nostalgia.
_Neno –dirá mi abuela, llama a tu hermano y a merendar. Luego vamos a varear los colchones que está el día para ello. Y ya estaba liada, una tarde entera dando palos a la lana de los colchones.

Mi calle Burgos, mi infancia y adolescencia de junio a septiembre, mi felicidad y desahogo, mi medicina de lo mesetario, del asfalto, del cemento y del humo. La bodega con las bicicletas, la casa de la abuela, las tardes en familia, el olor a los dulces horneados en casa, a empanada….

_Corre, abre la puerta que debe ser Antón el lechero y dile que deje tres medidas.
_ ¡Abuela! ¡Tírame la llave de la bodega que voy a sacar la bici!

Qué lejos está, diré:
…mi calle tiene un oscuro bar de húmedas paredes, pero se que alguna vez cambiará mi suerte…”.

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