
by juan re-crivello
La ficción es un escándalo que crece y asedia nuestras fortalezas. Es domingo y acabo de regresar de caminar por la playa y luego nos hemos detenido en la Rambla de Vilanova. Multitud de monos humanos preparan el viaje sentimental bajo el sol. Una buena cerveza, el ombligo desierto, restos de una relación sexual con sabor a pizza de sábado, o los niños que corretean. Nada nos recuerda aquel espacio gigante y repleto de sueños que lleva el hilo de cobre en la aldea global. Un “I liked”, un viaje comprado para el próximo puente, o una señora gorda que chisporrotea sobre el canal; o un señor hambriento de fotos cuasi desiertas de piel. ¿Y la ficción? Nos devorara como dice Javier Hurtado en el otro artículo. He probado recoger trozos de textos al azar, en un inmenso collage:
“Pero el viejo ossario, duerme sin miedo, perdido en la bruma americana. Nadie ha regresado. Ni el sueño enrevesado de la Italia del 1900, ha podido permitirse más angustia que el cambio de horas. Atrás queda una sencilla materia de amor, delante la molicie de país que ha perdido la memoria”.
“Para nosotros, lo máximo era pagar el alquiler y comer en bares nauseabundos*. Era donde “iba la peña”, por usar una expresión actual. Al llegar a casa y abrir la nevera, en su interior, los restos de días anteriores se esparcían en cruel reclamo. Recuerdo que habíamos tenido un pollo sin congelar y tiritando varias semanas. ¿Castigado quizás? Y adorábamos salir a escuchar música y hablar. Horas muertas, que se estiraban bajo la negra noche franquista, agrietada, pero incómoda del Café de La Ópera, que, por cierto, cerraba a la una”
“Aunque creo que el café de los sabores intensos, sólo era posible encontrarlo, en una pequeña tasa llena de mugre y un poso intenso, en los bares cercanos de la estación de tren en Atenas. Los griegos habían vuelto a la vida con la expulsión de los turcos después de cuatro siglos, pero no se habían podido quitar de encima este brebaje, con poca agua y marcado acento asiático. Al llevárselo a la boca, uno sentía un conato explosivo de pólvora y pimienta que le destrozaba. No era posible repetir. Pero sí era indicado detenerse a observar el tiempo de estos parroquianos lentos, llenos de amarga ironía”
“Es en este punto, cuando la realidad se entrecruza con el relato, pero no posee el gancho de aquel. Hace unos días, salió en la tele. Un hijo mato primero a su madre dándole en la nuca con un bate de beisbol, luego a su padre pegándole en la cabeza con el aparato de televisión. Luego, salió a la calle y se auto- denunció: ¡he hecho algo muy malo! Nada en comparación al atrevimiento y la descripción de un buen escritor. Por ello los cacos, los ladrones de historias, ni siquiera debemos robarlas. Ellas se mueven con velocidad e injusticia en nuestra imaginación.”
En todos ellos, artículos publicados en el año 2008, la ficción se presiente y desborda. Solo han pasado unos años y cada uno de nosotros se atrevería a remontarse a más tiempo hacia atrás o hacia delante, como un barco lleno de cadáveres humanos que ha perdido el control y vaga solitario con su capitán aburrido de esa ruta sin puerto. La ficción es un camino que nos invita a visitarle, y del cual millones de escritores entran y salen cada día para ser testigos de una mancha de sangre, o de pintura en una solapa de lino que dará comienzo a una nueva… historia.

Interesante y preocupante este tema de la ficción, con el tema de internet creo que se va air agudizando ciertas esquizofrenias.
Un saludo
Es probable, pero nada matará las historias jajaj! un abrazo juan