Aquella imagen que nos persigue By Nacho del Valle

Era una imagen que se repetía cada vez que tocaba fiesta familiar o celebración.
Él ejercía, porque lo era, de patriarca. Así presidía la mesa sentándose, de espaldas a la puerta y de cara a la cocina, el primero y marcando los tiempos al resto de comensales.
Era el padre de una familia numerosa en hijos y bien surtida de nietos. Trabajó toda la vida sin desmayo para sacarlos adelante con lo que daban el campo y los animales y a fe que lo logró. Ni uno solo salió torcido, que se diría entonces.
Ella era la madre de todos. Madre para los hijos y más madre para los nietos.
Atendía aquella mesa enorme, que unas veces precisaba de otra aneja y que según el día y la asistencia tenían dos turnos, con la ayuda de las hijas.
Lo que allí se comía había sido elaborado con lo que habían sembrado y recogido aquellas manos que al amor de un fuego de leña y carbón lo convertían en auténticos manjares.
Servida la mesa él invitaba a todos a comer, con autoridad pero con gusto “no quedéis con ganas de nada“        -decía, de forma que parecía mas bien una orden. Era ese algo interior que dejan años de miseria y posguerra y que marcan para siempre.
Y sin embargo ella no, ella no se sentaba a la mesa.
Aquella madre infinita había dejado de hacerlo el día que uno de sus hijos, con apenas quince años, perdía la vida victima de un accidente. Eran tiempos de trabajo juvenil, precario, mal pagado. Y las necesidades muchas.
Le dolió profundamente, tanto que se quedo para siempre al lado de sus fogones, comiendo junto a ellos, como si estuviera esperando que aquel hijo volviese a aquella mesa, con todos, aunque lo hiciese tarde y ya hubieran terminado.
Eran tiempos difíciles. Había poco y de alguna forma lo supieron multiplicar para satisfacer a muchos. Y lo hacían con gusto, era su placer: “Que no falte de nada. Esos críos, no comieron gran cosa ¡mujer!“ -repetía él, mientras apuraba el ultimo bocado para dar paso a la copita de Whiskey o Coñac que gustaba tomar con hijos y yernos.
Se acababa con amplias sobremesas en las que él contaba historias de años malos y menos malos pero cargadas de humor que la familia escuchaba y festejaba.
Ella remataba siempre las suyas con “el recuerdo del hijo del alma“.
Y los nietos… unas veces nos quedábamos a oírlos y otras salíamos corriendo a jugar por los caminos.

Elvira Tres Dedos

By Juan re-crivello

Al cruzar la calle pude ver su mirada indiscreta Elvira Tres Dedos de una familia cercana y triste, me estaba indicando que esa tarde de domingo algo no marchaba bien. ¿Qué hacer?      –me dije. Uno no puede ir detrás de una blonda mujer que es vecina y crece con un grupo de apartados sociales en una casa de odio. Pero me llevaba hasta allí el instinto y me propuse hacer un paso menos que aquella fugitiva. Elvira tenia 20, en mi caso una cuarentena, desigualdad social, de sexo, de edad y mucha intriga. Nada más que al doblar la calle, una parada de autobús y la casa. Ella se detuvo en la puerta y perezoso fui a dejarme caer en su frente. Dije:

_ ¿Aquí para el autobús que va hasta el cementerio?

_No, aquí para Ud. Y su intriga –respondió. Era bella, ajada y tenía esa dulzura de los abandonos. Dije:

_ ¿Vive aquí?

_Como Ud. lo sabe y todo el barrio -respondió. Me levanto por la mañana y puedo describirle las tareas de solterón de Ud. en la terraza de allí detrás. Desde mi casa hay un espacio suficiente para ver cada reserva de suelo en su caminar. Se refería quizás a mi manía de poner los pies y marcar las baldosas para evitar el miedo a caer en desgracia. Siempre imaginaba que al subir a una terraza me atraparía un viento helado de esta zona de Barcelona para dejarme sentado y triste encima de una ola en el Mediterráneo. Descubierto mi juego pregunte:

_ ¿Y tu porque me sigues?

_Por lo mismo que Ud., por el acento que ponemos ambos en sorprendernos al fisgonear cada laberinto de nuestras vidas.

_Pero, si podrías ser mi hija

_Ahora me va  a salir con el prejuicio de las lolitas –dijo torciendo la cara.

_ ¡Que!

_Si, esa historia que mantiene en vilo a los solterones de 40 en mas, que no se atreven con chicas jóvenes por miedo al que dirán. A lo que ofendido respondí:

_ ¡Ja! ya ha pasado el tiempo de… -iba a arremeter con aquella salida de dolor, o de vagancia extrema de un corazón solitario- pero cambie y dije: Tal vez tienes razón, pero tu vives con tus padres y seria un escandalo. Ella levanto la cabeza y esbozo una sonrisa llena de talento para responder:

_ ¡Cásese conmigo! y no habrá escandalo. Mi vida se vino abajo, yo yendo de compras al Mercadona, arrastrando carros, planchando o yendo al cine con una colegiala, quise desistir y poner fin a tamaño invite, por ello dije:

_ ¡No!, es demasiado

_La vida es demasiada –respondió esta lolita de barrio -y agrego: la vida es lo que tu quieras hacer con ella –moviendo una pierna que dio en la puerta

_No, no me atrevo, soy de los que desisten de…

_De tanto amar enloquecerás –agrego

_No, no me atrevo

_Hasta aquella valla -¿la ves? Corremos los dos, quien llegue primero obligara al otro. –Y corrió. Me deje ganar. Me deje avisar por una nube de ilusión que pensé seria domesticada, pero la cual me arraso.

 

Las ciudades que nos fascinan: Oviedo

By Nacho del Valle

Volví, como tantas veces, a la que siempre fue y será mi ciudad.

Nada más salir del parking recibo una llamada, la típica, anunciando que la reunión se retrasaba considerablemente. Entonces me decidí a hacer lo mejor que se puede hacer en una ciudad que parece haberse pensando en ello, PASEAR.

Inicié ese paseo, con destino final en el lugar de la reunión, por la zona antigua.  Las calles descritas por Clarín en “La Regenta “. Esas en las que corrí y jugué en mi infancia. La Corrada del Obispo, con el palacio episcopal, la calle Mon, Cimadevilla y la plaza del Ayuntamiento, con la iglesia de San Isidoro, en la que hice mi primera comunión y conocía al dedillo de los juegos pre y post catecismo, con subidas incluidas a lo alto del campanario, desde el que se contemplaban los tejados de edificios singulares como la Universidad, el consistorio, la plaza del Fontán que sigue acogiendo a diario el mercado tradicional y que debe su nombre a una fuente símbolo, uno más, de la ciudad.

Pasé de largo, entré por el Fontan, siempre acompañado de esa fina lluvia que llamamos “orbayu” y que convierte las losas de piedra en espejos relucientes donde se refelejan siluetas con paraguas y fachadas esplendidas.

Crucé por debajo de los arcos hasta la plaza central y salí en busca de la calle del Rosal. Y ahí, justo ahí, estaba la puerta de mi escuela, esa que tantos días me tocó atravesar.

Ya no se llamaba “ Escuela del Fontán, distrito 1 “ la primera de Oviedo sino “ centro de educación para mayores “ O algo así. Sentí un respigo y caminé hasta el umbral sin pensar en otra cosa que en mis años mozos.

Y entré. Un portero, amable, me preguntó ¿ a donde va ? . Solo se me ocurrió una respuesta “ a dar un paseo por mi infancia ¿ puedo ? “  y el deseo fue concedido de inmediato acompañado de una sonrisa.

Le explique qué había sido cada sala, qué hacíamos en cada pasillo, cómo se repartía el patio entre niños y niñas separados  por un muro  y a qué se jugaba. Y quien, como y cuando dibujó esos cuadros que aún cuelgan en las paredes. Era un compañero mío, el que me enseñó qué era la perspectiva. El que más adelante fue artista y que, ahora lo sé, ya nos dejó.

Salí con una mezcla de placer y tristeza, de añoranza y tomé Rosal arriba. En Oviedo solo se va hacia arriba o hacia abajo, solo “ de través se puede llanear un poco”. Y llegué un poco más reconfortado a esa reunión, en otro edificio singular obra de otro gran artista y arquitecto, tras mirar los años que habían quedado atrás.

Porque esta ciudad, que Allen tildó de “ cuento de hadas “ es eso, arte y arquitectura, fachadas hermosas ( aunque algunos edificios oculten un interior decrepito ), arquitectura de todos los tiempos. Ramirense, Prerrománico ( que no Románico Y único de esta región ), Gótico flamígero en la catedral de una sola aguja, Barroco, Modernista, Neoclásico y hasta algún palacete de estilo francés que el tiempo y la especulación se llevaron por delante.

Pero… que pude llegar a conocer.

Oliva

By Juan re-crivello

Iba a escribir como cada sábado en mi próxima novela cuando se atravesó este comentario  de L. en mi Face:

“Será cuestión de regresar al interior de cada uno… quizás los únicos que comprendan esto son los amigos de Oliva, sabios catalogados bajo estándares más imaginarios que los propios mundos creados en la imaginación de los habitantes de aquel reducto casi perdido …”

Oliva, un pueblo ubicado, en el desolado arbitro que es la Pampa argentina. Un cruce de caminos donde a finales del siglo XIX llego una multitud de europeos. Lavaron la ropa, criaron hijos, sirvieron pasta con queso y amaron frenéticamente. De aquel espacio surgieron sueños, monstruos, famosos señores que tragaban sables y a tan solo 2 kilómetros 3.000 personas insanas fueron metidas allí desde toda la Republica –en un manicomio- con el fin de certificar que no eran tal como se preveía. Durante ese maridaje de cuerdos y no-cuerdos pasaron 80 años.

Los paraísos se mantienen frescos mientras los que viven allí participan de su gloria. Hasta que algún día una parte de esos hijos se aleja, se globaliza. Y, desde esos nuevos territorios regresan cada tarde a ese reducto casi perdido. Para imaginar nuevas aventuras cargadas de pólvora, de calor, de ambiciones. La Oliva real sigue viviendo, la imaginaria explosiva y frenética reside en nuestro interior

E’ la Disfantola

By Juan re-crivello

C’è un posto dove vanno a finire tutti i luoghi comuni su Milano. E’la Disfantola.

En nuestra sociedad no existe este espacio –la Disfantola- de corrupción y fin de cada estupidez… humana. Ni siquiera podemos encontrar un monstruo verde y grasiento que inalterado se trague sin más cada carga de arroz o de vino cabezón y amargo. Y ¿que hacemos sin el? Lo inventamos, por ejemplo con un ruido atroz y atípico que se pronuncia cada vez que nos damos con alguien inútil: ¡Que hijo de…!

Al llegar el verano entre los monos europeos esta de moda irse de playa, a la ribera del Mediterráneo –con excepción de los amigos árabes que están alterados. En esa capa de arena caben tumbonas, barrigas colosales, jóvenes ninfas o atléticos jóvenes, que por cierto en el caso español al mirarles desde atrás son altos, de espalda ancha y nalgas apretadas como si les hubieran construido desde abajo para arriba. Los hombres de antes eran altos o bajos cabezones o enanos perversos. Ahora son todos cuerpos danones, se machacan en los gimnasios hasta tener la misma foto -desde atrás. ¿Y, de delante?. Os lo dejo en vuestras manos amigas lectoras. Pero es parecido a las mujeres actuales, delgadas que tiritan de hambre, con unos pechos que parecen balcones y nalgas finas y frágiles que dejan saturada la vista con aquella presentación del wonder- bra.

Son tiempos modernos, donde los regímenes nos martirizan y las cremas hidratantes sirven para más de una picardía. Digo, las hay reductoras, que aumentan, que protegen, que lubrican. Todas efímeras, ¡tal vez!

No pensaba escribir, pero…

By Juan Re-crivello

He ido a comprar el pan y en el suelo había una moneda de 1 céntimo de Euro, la he recogido y una catarata de bromas me ha surgido con María -la vendedora. Siempre he pensado que las panaderas son seres inteligentísimos, pero ella no conocía la teoría de sembrar dinero.

Siempre que encuentro monedas (¡si con la crisis aún hay monedas olvidadas!), si Ud. le recoge al cabo de cierto tiempo es necesario sembrarla dichas monedas en tierra y que nadie lo sepa. Llevo practicando esta filosofía desde hace 10 años –por cierto algunos creen en Dios y nadie les cuestiona, porque no puedo practicar esta señal materialista). A lo que iba, el defecto o la virtud me viene de un Tío que tengo en América –ya más de un lector conoce a Armando. Cuando le visite la última vez a su casa de campo, al día siguiente me pregunto: “sobrino, ¿Dormiste bien anoche?”.

“Si”- respondí. “que sepas que debajo de la cama, tengo enterrado en el suelo unos 25.000 Dólares”. “¡No jodas!”. En tono de confesión agregaría: “me gusta enterrar dinero por si alguna vez lo necesito, mira allí detrás de la nevera, en el muro tengo otros 25.000 y allí…”

“¡Para! ¡Para!, no sea que nos entre alguno y nos obligue a confesar tus hobbies. ¿Lo sabe alguien más de la familia?” “Nadie” –su mirada picara reía. “¿Y si te…?” Su cabeza giro un poco saliendo una risotada de gentilhombre, aquella escena me recordó cuando abrió su Facebook estuvo un mes sin escribir nada, para luego poner “estamos dentro de la technology”.

Pues señoras y señores… a sembrar dinero. Solo cuesta echar una ojeada disimulada cada tanto al suelo, de aquellas que practican los señores mayores con las jóvenes, o del estilo homosexual cuando uno se pone en el lavabo a orinar y percibe un ojo libre y salido que vuela con hambre sobre nuestra intimidad, o como hacen las mujeres que sin parar de hablar bajan la mirada en busca de un paquete masculino y soberbio que no deja de ser un mito como el Wanderbra.

¡Y todo este rollo por encontrar un céntimo! Le digo y no se ofenda, que si practica esta religión materialista le sorprenderá la cantidad de dinero que hay por las calles. Si no le queda otro estilo. Como la película de Di Caprio:

Él está en la habitación con una absoluta mujer que ha ligado en el pasillo, y ella le pregunta: “¿Cuánto crees que valgo?”.

“100”. “No”; “300”. “No”; “1.000”. “OK, dice ella. “Pues si me esperas –le mira y dice Di Caprio, bajare a cambiar un cheque en Administración”.

Por parte de ella, solo un comentario suave: “a las tres de la mañana, no estaría bien visto. Te lo cambio yo”. Cabría decir, que él es un estafador profesional  y le responde:  “ el cheque que tengo es de  1.400 dólares y nuestro acuerdo es por 1.000”. En unos breves segundos de silencio aparece una voz femenina que agrega: “no importa yo te dejo los 400 y lo completamos” dirá su partenaire mientras sus ojos verdes galopan.

Ante lo cual, estafadores y estafados, vibran a través del sexo. Ahorradores y granjeros del dinero vibran de la salud material del vil sueño.

Nada es tan seductor como un bocado de imaginación futura.

Mayo del 68 ¡Glup! 15 de mayo

By Juan re-crivello

He bebido soda fría, con gas sienta un poco mal. Antes La Casera era más brillante y ese dulce que se agarraba al cogote nos daba vidilla. Pero claro esa vida ya paso hace tiempo, ahora estamos protestando en la plaza u observamos desde cerca. Decimos cosas, y la asamblea vota a mano alzada y esta acción se expande como el agua, y se superpone al triunfo de la derecha. Ya ni me acuerdo, ¡ah sí! En mayo del 68 al poco tiempo gano De Gaulle, un tipo de bigotito y sombrero que le ajustaba la sien cuando era militar. Y él se fue, y mayo del 68 sigue en nuestras almas –desde hace 30 años. Hasta que pudimos separar lo positivo de lo no tan correcto de aquel suceso histórico. A eso… le llaman decantación. Y éramos reyes de la opinión, le metíamos el dedo en el ojo a los que se atrevían a impulsar una respuesta diferente. Recuerdo aún que decíamos -gracias a Horacio Saénz Guerrero- cosas como:

«Corre, camarada, el viejo mundo te persigue»; «Desabotonaos el

cerebro con tanta frecuencia como la bragueta»; «Mis deseos son

la realidad»; «Basta de iglesias»; «No cambiemos de patrono, cambiemos

el empleo de la vida»; «Un “poli” duerme en cada uno de

nosotros; hay que matarlo»; «Tenemos una izquierda prehistórica

»; «Vivid sin tiempos muertos, gozad sin limitaciones»; «Soy

marxista, tendencia Groucho»; «Un pensamiento que se estanca

es un pensamiento que se pudre»; «La burguesía no practica más

placer que el de degradarlos todos»; «Todo el poder absoluto abusa

absolutamente»; «Sed realistas: pedid lo imposible»; «Esto no

es una revolución, sire, es una mutación»; «Trabajador, tú tienes

25 años, pero tu sindicato es del siglo pasado»…

Frases hermosas ¡ya lo sé!, por eso duramos más que De Gaulle y ahora el 15 de mayo, duraremos más que la modernidad de Zapatero, que ya es decir. Y decimos, bueno, dicen los de ahora, los de la Plaza Cataluña o de la Sol:

“Vamos a cavar con el monopolio de los banqueros”,” la nacionalización de la banca!”. “Derogación inmediata de la ley de extranjería”. “Estamos totalmente en contra de la la reforma de las pensiones”. “Listas abiertas”. “Retirada de la ordenanza del civismo”. “Exigimos el reparto del trabajo y la riqueza”. “Abolición de la Ley Sinde”. Contratación de personal sanitario hasta que se acaben las listas de espera”. Si subimos los impuestos a las 50 grandes fortunas de España se acaba el déficit”. “Expropiación de las viviendas vacías”. Proponemos un referéndum de proclamación de la 3ª Republica”.

La derecha que ha ganado no es De Gaulle, es de miriñaque y salón, con algún fasto de pesadilla para asustar pero… no pasa del amago. Y estas consignas ¿duraran 25 años como mayo del 68?

La fiebre me atiza

-hace dos noches.

Muerdo un caramelo, me limpio el sudor de las nalgas

Arrepentido estoy, de haber bebido jarabe de ron con hielo

Hasta darme cuenta -que aún me jodia- la sed(1).

(1)Los genes de Mingo. Juan re-crivello. Nuevo libro de poesía en preparación

Folklore y basket

By Juan re-crivello

La ruta es plateada, brumosa -del ocre que dispara el calor de la siesta y su marca rectilínea divide el profundo interior de la Pampa. Con su ansiedad la emigración ha depositado en pequeños pueblos las necesidades e ilusiones. Los edificios han crecido mezclados con un acento típico e inestable.
En las tardes del domingo el tenue sonido del folklore les convoca al estudio de las típicas danzas del país. Entre la muchedumbre un hombre largo es capaz de balancearse entre la multitud. El edificio se parece a un budín de pan a punto de romperse y desplazar a los asistentes hasta el confín del calor derretido aquí y allá. Los bailarines ejecutan el desacierto de la tercera generación que les acerca al sueño americano.
El tipo muestra su fastidio, o quizás un cierto nerviosismo. Masculla un deseo, tal vez el partido de basket que arbitrará por la tarde, dos rivales, el de casa y el Velez. “La clase media y los negros” -piensa. Aprieta los nudillos hasta que su sonido se escapa del infierno que allí traman. Arquea el bigotito, tan característico al ser una fina corona casi al final de su altura rectilínea y frágil. El pantalón de poplin* gris se ajusta a su cintura como una bandera de identidad.
Repasa su reloj y mira hacia el estrado donde una de sus hijas se esfuerza, una deliciosa sonrisa le devuelve el saludo. Una mujer se ha puesto a su lado dispuesta a reemplazarle, la saluda y se marcha. La puerta de salida se estrecha ante la aglomeración de paisanos, les empuja. Fuera el calor le abruma, el asfalto le derrite y se pega en sus zapatos.
¿Hacia dónde ir? Escoge a la derecha, ve en la esquina como la joyería de Gómez marca el final de la acera, hace un leve esfuerzo, un giro y es posible ver el club.
El Independiente es para él un mástil donde aguantar el tedio. Atraviesa la puerta, un salón espacioso describe una superficie en la cual treinta mesas redondas trazan la frontera con la barra. Las paredes dejan ver un derroche de trofeos que hablan del pasado de la institución. Su mirada encuentra una mesa y se dirige hasta ella, la silla desconchada y dispuesta a soportarle, los otros tres le miran –es quizás la astucia quien crece, como delicado musgo entre ellos. Los naipes se separan y reparten dando por hecho el comienzo del juego. En la base de la silla recién ocupada, un insecto -la juanita-, mueve las alas y deja correr un líquido que cae lánguido en dirección al suelo. Dos mundos que coexisten y se toleran aguantan desde hace años, el tipo del bigotito respira varias veces, previene en voz alta que la mano de la suerte le cautiva y acaricia. Los otros tres le miran, no saben si es acierto, o drama, o mentira disuelta en cerveza.
Serie de cuentos: Adiós Luis
· q.p.d.e
Luis Veneranda
Telefonista, arbitro de basket
Año de fallecimiento 2004

*Poplin: material inventado en EEUU

La melaza

By Juan re-crivello

Paquito fue a por melaza, sabía que estaba en el cajón donde guardaban los potes. Su madre, su hermano y él -desde que habían llegado desde la colina de los encierros (1), habían decidido cubrir el postre, con aquel limo de sauce que vendían los gitanos en la calle baja. Pero al abrir aquel inmenso grifo de placer, solo encontró un cristal limpio con un papel dentro. Decía: “nos vamos a casa de Mary”. Ante tamaño empeño se desconcertó.

No conocía a ninguna Mary, solo le recordaba un nombre de una vecina de la Colina. Decidió que se quedaría dónde estaba, tal vez se arrepintieran y le llamasen por teléfono. Los días corrieron muy juntos unos a otros y la casa se fue manchando de un agua roja y espesa que brotaba desde el lavabo. Su desespero fue en aumento. Decidió abandonar el alimento y dejo que su labio se retorciera hacia dentro creciéndole un miedo atroz e indescifrable. Al octavo día golpearon con fuerza en la puerta principal, pero estaba tan solo y apagado que no fue capaz de mover su mano ni articular un grito. Al cabo de dos días sintió un golpe en su hombro y despertó. Le había crecido la barba y sentía que su espalda se fundía al suelo donde estaba inerte y abandonado. Era su vecino de 10 años quien le tiraba del jersey. Los gritos de ¡Despierta!, crecían en su interior con más ánimo. Pasados dos minutos, una ambulancia le llevaría al Hospital Rawson. En una cama caliente, le dieron te de Ceilán y le dieron fuerzas. Confesó que su madre y hermana se habían marchado. Le miraron perplejos. Sabían que él vivía solo en aquella casa grande de la esquina desde como mínimo, ¡hacía veinte años!. Le sujetaron a la cama. Pasados los días casi sucesivos y pegados, sin más paseo que la mirada de sus ojos hacia un jardín interno donde los pacientes caminaban o descansaban. Luego, repuesto de su apartamiento vital, le dejaron salir. En la larga avenida de plátanos que partía desde el hospital Paquito echó a andar hasta la esquina de su inmensa casa. Una vez dentro, preparo un té, y pocho un huevo que minutos antes encontró en el gallinero -dentro las aves estaban muertas, el gallo amaba en su tristeza a un palo largo y duro que estaba a media altura, pero su lustroso plumaje se había caído, ante lo cual, decidió darle un poco de comida y renovarle el agua. Aparte del huevo, agrego además un café y fue hasta el cajón; dentro, parecía volver al comienzo de su partida, supuso que le esperaba un pote de melaza rica y brillante. Como no tenía pan, metió el dedo y libo azúcar o resina, pero al girar su mirada pudo descubrir un papel arrugado, que se mecía en el suelo. Fue hasta él y le recogió. Ponía, en un lado, con letra apretada y en carboncillo: “nos vamos a casa de Mary”(2).

(1)Llamase a un manicomio que establece que sus miembros son incapaces de sostener un mínimo vital de comportamiento con arreglo a la moral establecida.

“Pero ahora lo tiene vencido la desgracia, pues su amo ha perecido lejos de su patria, y las mujeres no se cuidan de él”. Esta referencia se cuidan, establece la aparición de la locura como aspecto de pérdida o enajenación. Odisea canto 17, verso 319 del poeta Homero siglo VIII a de C. http://etimologias.dechile.net/?manicomio

(2)El bucle es un movimiento que en informática describe unas órdenes escritas que al terminar establecen un nuevo recorrido. O: Conjunto de instrucciones contenidas en un programa o rutina que se repite un número

Iglesia, feligreses y santones de izquierda (27)

Los 28 artículos que no incluí en “Mandíbulas rotas”

By Juan re-crivello

En un patinazo cometido por la tarde pude llegar para cumplir con un compromiso. Aún recuerdo aquellas paredes hoscas y frías de la Iglesia. En la cita, tal vez convocaban al rezo. Pero ¡me cachis! era un bautizo. Cura antiguo. Pocos feligreses, todos le miraban anteponiendo su poco concierto con Dios, a las palabras que surgían del predicador, atormentadas, duras, alejadas, latiendo en escenarios repletos de almas que viven en el Mas Allá y se patean ese tosco terreno que deben prepararse para el ascenso. ¡Que martirio!. Ir supone prohibir en la vida –dice el padre. Pero el esquivo explicador de historias, prosiguió, con unos rezos. Luego dio fe del creador, hablo de los 11 apóstoles hasta hacer un descansillo, allí dio una señal y de los creyentes se apartaron los padrinos y las madrinas para llegar hasta él. Y pudimos escuchar una nueva recomendación de la necesidad de dar constancia del alicaído verbo en su futuro ahijado. ¡Poco más!.

En el espacio de la cita, además estaban convocadas ante la pila bautismal: la nueva España. En un lado del pasillo, sentados en bancos de madera, los emigrantes de segunda generación y en el otro lado, la primera generación, más autóctona, más diversa y mezclada de la Cataluña que presume de nacionalismo y esta cuajada de texturas y razas. Ni unos ni otros se consideraban hermanos en la fe. Era una convención y punto. No-os mezcléis –parecía decir la escala y jerarquía social- ni pidáis favores, ni ruegos y si alguna mirada se interpone es por comparación de la condición social.

Al salir, dejaríamos aquella nave desierta. Una Iglesia clavada con sangre en la cuna de las convenciones de la izquierda obrera y bronca que lucho contra Franco. Una nave donde en su momento se fundó Comisiones Obreras. Y… ¡vacía!. Falaz y sin historia nueva. Abandonada a un solo magisterio tan antiguo que sostiene su fe en los sacramentos. Los otros ¿los magisterios políticos? Aquellos que compartían mesa y mantel con los curas de izquierda para derribar a Franco, ya se han pasado al edificio del frente, con calefacción, confortables sillones y buenos cochazos. Digo, me refiero,   -le indico amigo lector- a los santones de la izquierda comunista y socialista que dominan el Ayuntamiento de Cornella desde hace 30 años.

¡Casi nada!

El cura y la iglesia fría y triste es lo único que no se ha movido en este país. ¡Y el rito de los bautizos!.