Las ciudades que nos fascinan: Oviedo

By Nacho del Valle

Volví, como tantas veces, a la que siempre fue y será mi ciudad.

Nada más salir del parking recibo una llamada, la típica, anunciando que la reunión se retrasaba considerablemente. Entonces me decidí a hacer lo mejor que se puede hacer en una ciudad que parece haberse pensando en ello, PASEAR.

Inicié ese paseo, con destino final en el lugar de la reunión, por la zona antigua.  Las calles descritas por Clarín en “La Regenta “. Esas en las que corrí y jugué en mi infancia. La Corrada del Obispo, con el palacio episcopal, la calle Mon, Cimadevilla y la plaza del Ayuntamiento, con la iglesia de San Isidoro, en la que hice mi primera comunión y conocía al dedillo de los juegos pre y post catecismo, con subidas incluidas a lo alto del campanario, desde el que se contemplaban los tejados de edificios singulares como la Universidad, el consistorio, la plaza del Fontán que sigue acogiendo a diario el mercado tradicional y que debe su nombre a una fuente símbolo, uno más, de la ciudad.

Pasé de largo, entré por el Fontan, siempre acompañado de esa fina lluvia que llamamos “orbayu” y que convierte las losas de piedra en espejos relucientes donde se refelejan siluetas con paraguas y fachadas esplendidas.

Crucé por debajo de los arcos hasta la plaza central y salí en busca de la calle del Rosal. Y ahí, justo ahí, estaba la puerta de mi escuela, esa que tantos días me tocó atravesar.

Ya no se llamaba “ Escuela del Fontán, distrito 1 “ la primera de Oviedo sino “ centro de educación para mayores “ O algo así. Sentí un respigo y caminé hasta el umbral sin pensar en otra cosa que en mis años mozos.

Y entré. Un portero, amable, me preguntó ¿ a donde va ? . Solo se me ocurrió una respuesta “ a dar un paseo por mi infancia ¿ puedo ? “  y el deseo fue concedido de inmediato acompañado de una sonrisa.

Le explique qué había sido cada sala, qué hacíamos en cada pasillo, cómo se repartía el patio entre niños y niñas separados  por un muro  y a qué se jugaba. Y quien, como y cuando dibujó esos cuadros que aún cuelgan en las paredes. Era un compañero mío, el que me enseñó qué era la perspectiva. El que más adelante fue artista y que, ahora lo sé, ya nos dejó.

Salí con una mezcla de placer y tristeza, de añoranza y tomé Rosal arriba. En Oviedo solo se va hacia arriba o hacia abajo, solo “ de través se puede llanear un poco”. Y llegué un poco más reconfortado a esa reunión, en otro edificio singular obra de otro gran artista y arquitecto, tras mirar los años que habían quedado atrás.

Porque esta ciudad, que Allen tildó de “ cuento de hadas “ es eso, arte y arquitectura, fachadas hermosas ( aunque algunos edificios oculten un interior decrepito ), arquitectura de todos los tiempos. Ramirense, Prerrománico ( que no Románico Y único de esta región ), Gótico flamígero en la catedral de una sola aguja, Barroco, Modernista, Neoclásico y hasta algún palacete de estilo francés que el tiempo y la especulación se llevaron por delante.

Pero… que pude llegar a conocer.