Elvira Tres Dedos –el sacerdote y la fornicación

By Juan re-crivello

El lugar donde ella vivía era una calle rodeada por diez edificios a lo máximo. Una carnicería, un bar y una cuesta empinada que acaba en un lago. Los recuerdos son imprecisos, se ulceran con el paso de las horas. Elvira Tres Dedos había dejado a los 16 ese látigo de arena en una poblada región de montañas y pinos. Hasta allí el dique seco de la madre había dejado crecer a siete hijos. Y puestos a elegir, al ser ella la primera antes de cerrar esa fabrica biológica el pueblo ya estaba harto de las aventuras de los Tres Dedos. La choza donde comían y bebían era abierta por un lado, y con una puerta en su entrada para disimular tanta hambre interior. El padre se marcho no antes de los 14 de su cumpleaños. Ella parecía empujada a buscarse la vida. O algún mocetón con dinero y resistencia para salvar esa amanerada forma de vivir a salto de mata que fundaron sus padres. Con 16 era virgen, aunque su conocimiento de las interioridades de los hombres estaba mas que fundada. Ya bien con sus hermanos y aquellas siestas de exploraciones autocomplacientes, o al ver a su padre destrozar el camastro vecino subido a la neumática resistencia de su madre. Y algún turista que en verano pasaría cercano y sin reproche. De eso, le interesaba hablar: “de un flaco, chupado por la injusticia de la decadencia barroca del país y que le habían traído de visita unos tíos para deambular atropellado por esas calles, hasta que ella le recogió”. Decidió eso si esquivar sus manos y abrirle la vida a los sentidos del olfato, el oído, o los sabores de los labios y la lengua. En esa insistencia por sorber y oler paso el verano, no fue dramático, pero el calor que despedían sus cuerpos era irremediable, no pasaría de unos meses más hasta que su abstinencia reventara en una fría inmersión al sexo abierto y llano. Pero S Well se marcho el mismo 31 de agosto y ella vago por las calles hasta comenzar su último año del cole. Y su vida cambio en los siguientes meses, había aprendido el arte de preparar el acceso a la belleza del amor, de lo que dedujo que su próxima presa seria de caza mayor.

R Brecco, era el sacerdote que daba misas cada 15 días en una iglesia llena de pájaros y con poca luz. Aquella miseria de ilusiones en la religión se encendía cada cierto tiempo y su sacerdote echaba el sermón de los desasistidos y los enfermos; o de lo mal que estaba el mundo con sus corruptelas y mezquindades, pero ese día preso de alguna influencia fuera de lugar se le dio por hablar de los matrimonios que tienen hijos –de su deber y aquellos que fornican en nombre de Dios. Ella no entendió nada y se le ocurrió preguntarle al padre al final de la misa en un apartadillo, diciendo:” ¿la fornicación es un vaso de angustia o remedios para los matrimonios que se aburren?”. El dio vueltas al asunto, le dio largas, hasta pronunciar la frase:

_Si luces bien, accedes a la sala donde sientes unos ruidos y unos antojos. Elvira Tres Dedos se ilumino de aquella idea y mirándole dijo: “Veo que pan y circo van juntos, Ud. administra bien en ambos” –y dejo una piececita de barro encima de un alfeizar, el sacerdote se acercó para verla. La vasija de barro llevaba dentro una multitud de espinos de una planta de la región que actuaba como potente afrodisiaco, pero si se bebía en demasía llevaba a la muerte. (1)

R Brecco dejo su tarea a los pocos meses por una extraña transformación al que en la región y en los manuales de medicina desde hace años denominan Cervicitis (de la doncella), una enfermedad que solo se da en mujeres, pero que en su caso adquiría tintes dramáticos al producirle inflamación y alucinaciones. De hecho nadie imagino su origen, nadie salvo nuestro sacerdote que repetía sin cesar que aquella infausta salita le enseñaría que la fornicación solo es un paliativo a los males del alma.

Notas

(1)    Abrótano. Se le conoce también con el nombre de “perdición de doncellas”.

(2)    Cervicitis: La cervicitis es muy común y afecta a más de la mitad de todas las mujeres en algún momento de su vida adulta. Los riesgos abarcan:

* Comportamiento sexual de alto riesgo
* Antecedentes de enfermedades de transmisión sexual
* Múltiples parejas sexuales
* Sexo (relaciones sexuales) a temprana edad
* Pareja(s) sexual(es) que se ha(n) involucrado en comportamientos sexuales de alto riesgo o ha(n) tenido una enfermedad de transmisión sexual

Víctor Brown y los callos en su salsa

By Juan re-crivello

Víctor Brown sabía que detrás de la cornisa antes de girar por el viejo camino que lleva al acantilado con vista al mar, siempre dejaban allí un paquete. Ese día antes de salir de casa un intercambio con su hermano le previno

_ ¿A donde vas? –pregunto su hermano.

_Caminaré hasta casi cerca de la cornisa

_Allí ellos dejan siempre sus cosas

_Ya lo se. Hoy me lo llevare –respondió Víctor B

_ ¿Y?

_Lo venderé por mi cuenta

_Aquella gente no se va de chiquitas –insistirá su hermano. Tienen muy mala leche y te buscaran.

_ ¿Como? Si no saben que he sido, ni intuyen que el sacerdote del pueblo se lo quedará.

_Pero deberás venderlo y te…

_Para eso cuento contigo –dijo el sacerdote Víctor Brown

_Tu estas… “Hace días que le doy vueltas al tema –volvería a insistir Víctor, de ellos pasa por la comarca un paquete diario y no tenemos ni para arreglar la Iglesia.

_Los que confiscan son comunistas –dijo su hermano para agregar: “Y tú te debes a la Iglesia”

_Y a mi gente. Cuando lo tenga –miró a su hermano, lo dejare en el pajar detrás del negocio de Aristóbulo, tu lo cargas y lo haces llegar a Prince. Ya sé que me dirás que ese es un perro, pero cada domingo viene a misa y se confiesa. Él me ha dicho que sacaremos 40.000, lo suficiente para los arreglos y algún extra

_Vale -dijo su hermano. Víctor fue hasta ese descampado, el paquete estaba al lado de una roca. La cocaína pasaba por allí desde hace años. Un tal Vergara Dos Dedos la hacia circular llevándose cada vez mas al infierno, a gente mas joven. La subió al coche, antes se detuvo en el borde del acantilado, desde allí podía ver unas olas grandes y fuertes. Más lejos, es probable que alguna ciudad de América mostrara sus largas noches.

Pasaron tres días, los sucesivos paquetes siguieron su recorrido. Aquella noche, golpearon a su puerta, de un empujón Prince entro hasta caer a sus pies, llevaba la cara rota y muerta de miedo. Luego entro Vergara Dos Dedos, venia solo. Era un tipo corpulento, llevaba un sombrero con ala ancha y en cada brazo un ancla grabada al estilo Popeye –y dijo:

_Padrecito, Ud. me debe algo. Víctor sin inmutarse respondió: El paquete, tú se lo has regalado a la comarca y a la Iglesia.

_Padre… ¡cojones! Y… yo ¿que obtengo?

_Los paquetes seguirán pasando –dijo Víctor. Vergara Dos Dedos levanto un brazo señalando su cara:

#Que te den padre. ¡Que te den! –y dio un portazo#