By juan re-crivello
De tipos aburridos esta lleno el mundo. Sin ir muy lejos, conocía a uno de nombre raro y de fuerte impacto: Eulogio de Ribas. Salía a pasear desde su casa muy cerca de la mía –en este barrio vive gente muy rara, cada tarde, cerca de las 5, a veces con un perro, otras solo y bien peinado y abrillantado. Su perfil destacaba al cambiar su camisa guayabera de tonos y colores vivos cada jornada, y siempre el mismo pantalón blanco, con zapatos del mismo color. Pero ¿que me atraía? Tan solo por ser aburrido y ¿formar parte de la caravana de los olvidados de la risa? No, quizás era su forma de saludar, si nos topábamos de frente siempre decía:
_Joder! Que tenga Ud. muy buen día Juan. Yo solía responder con un si y… será. Pero si por casualidad le veía pasar por la acera del frente su vozarrón picante y de desconcierto atravesaba la calle:
_ ¡Vaya Ud. con Dios! Si uno pasaba por delante de su casa, las ventanas siempre estaban cerradas, a lo sumo un hilillo de arroz podía verse en el alfeizar, que sentido ¡tener ese cereal puesto al rayo del sol! Un día mi interlocutora la panadera a quien consulto sobre mis vecinos cada tanto, me dijo: “los tipos aburridos abusan del desperdicio, de-la- vida”. Yo pude preguntar pero ¿Ud. le conoce bien? O, ¿es ese vecino quien trama y/o teje las peleas cada tanto del gimnasio transformado en boxing cada viernes? ¿Aquel que vale 2 Euros la entrada? Pero mi ilustre amiga ya lo tenía previsto, al decir:
_Es el que organiza las veladas de boxeo en el centro. Trae a tipos duros y curtidos desde kilómetros para que se peguen en la velada, hasta dar una vidilla a los que pagamos. “¿Ud. va?” –pregunte.
_Siempre, desde que un día me invito a recoger dos entradas en su casa. Y se detuvo, en lo que intuía decir y podía ser inapropiado. Pero luego se inclino sobre el mostrador. Su peinado caía redondo y gracioso, al bajar mi vista, sus labios eran picantes y sensuales. Absorto en esa peripecia de destino ante mi panadera, pude acercarme un poco mas, casi hasta sentir que su voz remataba la intención de aquella visita jugosa y desmedida, donde los hombres aburridos pueden vestir ropa de seda y usar jabones, cremas y lociones para seducir a su presa. Y ella dijo:
_Fui una noche a por el papel –digo el tiket y me invito a una copa que no pude rechazar, al fin y al cabo las entradas eran para mi y… mi esposo. “¿Y?” –pregunte. “¿Quiere alguna otra barra?” –pregunto mientras se ponía recta y acomodaba sus senos en aquel uniforme de grabados rosas. “No” –dije y pague el pan.
Al salir me encontraba confuso. La panadera en casa del Eulogio Ribas y este tan disimulado. Al llegar a la esquina pude encontrarle de frente y escuchar “Joder. Que tenga… “Perdón, le puedo hacer una pregunta”
_ Si –dijo, al frenar su recorrido.
_ ¿Este viernes hay sesión de box? El respondió con orgullo: Este viernes traigo una selección de boxeadores negros africanos, que solo vienen a Barcelona una vez por año –para agregar, luego en la sala de al lado daremos baile de los de antes, de aquellos agarrados. Su sonrisa picara se transmuto en una invitación. ¿Debía aceptar? Dije: “el viernes le prometo que estaré allí con mi mujer”.
_Si quiere entrar un momento en mi casa, le daré unas entradas de regalo.
_ ¡Oh! le agradezco pero llevo prisa quizás otro día, sino, me las puede dejar en la panadería.
_Ah, somos clientes de la misma persona –dijo mientras se despedía. Pude ver como caminaba desplazando sus piernas en una sincronización casi perfecta mientras la gabardina se inflaba de aire, cada tanto un “joder, adiós” dicho en voz alta y levantando las manos, le empujaba aun mas hacia el centro de la ciudad. Tal vez la corte de africanos negros que pelearían este viernes le esperaba en la sede de su mundo pugilístico, y en la casa, la seda y la crema, seria una mazmorra de sexo imprevisto para tal gentilhombre.


