
by Juan re-crivello
Lo voy a razonar, si me permiten. Los señores de provincias aman el respeto, la tolerancia y pasear el perro sin que ofenda por su tamaño. También se afeitan cada día y sueñan que su país sea reconocido por su atractivo de conservación de la naturaleza. Y, los señores de provincias hacemos siesta y vamos al médico para hablar del tiempo y aquel presidente que era malo pero le hemos perdonado.
Viene a cuento porque vi a uno de mis vecinos de los que aparece cada tanto en mis escritos. Iba con un pañuelo blanco alrededor del cuello y llevaba un sombrero de paja estilo panamá, pantalón azul Francia y zapatos blancos. Quise abordarle pero me contuve, pero al llegar a la esquina entro al mismo bar donde acostumbro a pedir la cuenta antes que me sirvan. Me puse en la barra muy cerca de él, casi me había arrepentido, cuando escuche:
_Perdón, ¿Ud. es el vecino de la casa del frente casi haciendo esquina?
_Si –dije
_A veces le veo en el terrado regando las plantas y lleva siempre un calzoncillo rojo.
_Si –dije
_No se ofenda, lo he comentado con mi mujer. Ella asegura que Ud. solo tiene uno para regar y se lo coloca en aquel cuartito de la lavadora a la mitad de su finca, y, yo reniego de ello y he llegado a apostar -con ella-porque es una manía de las que tenemos los hombres, tal como llevar el mismo pantalón, protestar si llueve, criticar al gobierno, quemarnos la lengua con la sopa, o visitar el cementerio para ver si nuestros muertos están allí y salir apesadumbrados.
_Y hablar de mujeres blondas y llenas de atracción sexual –agregue.
_Eso, eso –dijo y prosiguió. Pero volviendo a sus contenedores –y una sonora risa se le escapo, lo que llevo a que su pañuelo blanco se entreabriera. Por mi parte un poco cortado por la situación intente enmendar aquella imagen y argüí: “los uso porque tienen una abertura entre las piernas y en verano –que es cuando Ud. más me ve- al ser tan caluroso sudo menos”. Pero hubiera dicho que me gusta regar siempre con lo mismo, o que aquel trapo de años es un recuerdo gentil de una abuela, o que en mi casa mando yo y siempre elijo la pieza adecuada para hacer de jardinero, pero calle y el dijo:
_ ¡Ah! ¿Y porque repite siempre?
_ ¿Siempre qué?
_El color. Ese rojo tan intenso que mi mujer recita y compara con los modelos de la tele, diciendo cosas del estilo: “mira ese tipo lleva el mismo tono que nuestro vecino al regar”, ante lo cual pregunte:
_Su mujer es esa señora que canta alguna mañana canciones de ¿Miguel Bose?
_Si -respondió, ufano. Me gusta esa forma de despertarnos antes de irnos al trabajo. Ella canta y yo preparo el café y descongelo los churros que compramos en Mercadona. ¿Y Usted?
_Yo… ¿qué? -dije y sin permitirme continuar pregunto: “¿desayuna solo, o con aquella señora de pechos tan?”.
_Con ella, con ella -dije. Ella prepara tostadas y yo me quito el calzoncillo rojo, pero, aun no hemos comprado un disco de Bose, pero podría haber respondido con un “mi señora pone las tostadas y yo mis encantos, o alegar que por las mañanas nos atrae la aventura y no importa el color de nuestra ropa interior, o que la escena de sexo y desayuno sin diamantes la repetimos cada día, excepto sábados y domingos, en los cuales el sábado compramos en el mercado y el domingo leemos revistas de cultura y mascamos chicle, pero dije: ¡buenos días! –y me marche
Nota
1) ¿Porque los hombres no podemos llevar siempre el mismo color en los entrepiernas? Y 2) Mirare su tendedero para saber los colores de los calzoncillos de mi vecino. Y 3) La proxima vez ¡que leches! me sentare lejos de alguno de mis vecinos. Y 4) El se llama R. K. Tartán. Y 5) Otro día hablare de lo que veo de este tipo, desde mi terraza.


