By Juan re-crivello

Los señores estamos acostumbrados a mantener los genitales bien sujetos. No es un tema baladí. Todos sabemos que, en este país, cuando algo no funciona, “hay que echarle c”. Es ante esta situación, que su cuidado y transporte es vital para una parte de la raza masculina. De la otra parte -la femenina-, es una de las pocas opiniones que no me atrevo a expresar. Pues bien, los hay de todos los colores. Pero amén de los famosos rojos de fin de año, los hombres nos distinguimos entre aquellos que les encanta el estilo pantalón con una apertura central y aquellos que los prefieren algo más moderno. Tanto en uno como otro, el vital elemento debe estar bien sujeto, pero -¡oh ego!- ante las damas, siempre se reserva un diseño moderno. Sea el uno o el otro, es importante retener que el público ante algo espléndido siempre dirá: ¡cojonudos!

De eso se trata, de asociar un estado de ánimo con nuestra principal característica. Por ello, el celofán, perdón, la envoltura, nos resulta de difícil elección y hasta nos convierte en maniáticos. Es cuando aquello no responde al principal criterio: la comodidad. Hasta podríamos decir que tenemos dos, a lo sumo tres, preferidos, y, por cierto, los cambiamos continuamente. Día tras día, repetimos esos estilos en un clásico vaivén que esconde nuestra vanidad.

A saber, nos importa lo que se dice de nosotros. Pero la seguridad surge en la entrepierna.

Si hacemos un breve recuento, al referirnos a nuestra íntima sustancia, encontramos que en la conversación diaria, se expresa de miles de maneras: con una receta de nombre cojonudo, o con su asociación respectiva: si es cojonudo, es excelente, o con el chiste fácil. También si consultamos a Wikipedia: le define porque “su importancia es vital para la existencia de la especie, pues es allí donde se almacenan las células espermióticas que darán vida a nuevos seres”.

Sea de una manera u otra, los calzoncillos sólo los llevamos los animales-humanos, dentro de la pirámide de la especie. Es tan cultural, que ni siquiera las modas de los años 60 en adelante han podido influirnos.

Este cuenco imaginario ¡hay que bonita metáfora!, nos protege ante los fenómenos atmosféricos, pero también es el síntoma de nuestro ser. ¡Quién de nosotros sería capaz de salir a la calle vestido pero… sin ellos!

En suma, los gayumbos nos definen. Si Vd. observa en los sitios donde se relaciona, por ejemplo, en el gimnasio, a la salida de la piscina. Aparte de los clásicos que dan la nota –digo se pasean desnudos- o de aquellos que se han olvidado la toalla y se secan con el secador de manos o los que rematan la faena limpiando los zapatos con la toalla. Aparte de estos, el mundo se resuelve cuando todos están dentro de su bastión de algodón.

¡Es que no hay más! Bueno, sí, las cuotas femeninas, las peleas frente al televisor en los partidos de fútbol, o las broncas al conducir en la ciudad, o el “planchar en dos etapas, o la primera sopa instantánea sin quemar el cazo, o hervir el agua antes de añadir la pasta, o cómo bajar la tapa del WC paso a paso, o cómo responder a la ansiada pregunta:

¿Conoce Ud. algún sistema para que la taza del desayuno levite sola hasta el fregadero?”.

Notas:

Un comentario en mi blog de un lector que firma Raúl decía: “El gayumbo es el mejor invento que se pudo fabricar para convertir a los monos en hombres, si ellos no podríamos vivir !!!”

Carlos Blanco, curso de formación para hombres.