By juan re-crivello

El tenis es un deporte sutil, agresivo, pero donde las miserias personales, es decir los cambios de humor aparecen con demasiada frecuencia. En nuestra sociedad utilizamos una expresión de alto valor: “tienes razón, debo cambiar el chip”.

Los aguerridos jugadores del tenis además de trabajar la técnica, hasta pulir cada golpe, luego deben ser capaces de coordinarlo con dos elementos, la flexibilidad y la velocidad, para ser capaces de situarse ante una bola lánguida y rápida que les envía su adversario. Pero, su dinámica les acerca a nuestro actuar cotidiano. Para ellos y nosotros, cada respuesta esta influida por el autocontrol.

”Se me ha ido la cabeza”. Es un clásico grito entre estos jugadores. Como si la pagina de sucesos de nuestros telediarios no estuviera cubierta de seres disparatados y áulicos que han perdido el Norte. También estos jugadores hablan -y mucho- del sentimiento de inseguridad o de cobardía. Para ellos es un momento, en que una sucesión de errores, les coloca en indefensión frente al rival y se les agarrota el brazo.

En nuestra sociedad la repetición en los errores nos resulta difícil aceptar. ¡Es incomoda! Vemos como grandes ídolos caen por una decisión desacertada. Es definida por aquella frase de “lo políticamente correcto”. Un prestigioso director de un medio escrito en una conversación privada me decía: “en Internet los comentarios no son censurados”, acto seguido intentaría rectificar su frase, ante la dificultad de ser mal interpretado, al afirmar que lo que intentaba trasmitir era que todos debían identificarse. Mi respuesta tal vez iba en la misma línea, al entender, igual que mi interlocutor, que la autocensura debe responder al respeto en el debate por la opinión contraria, no pudiendo suponer el anonimato una ventaja. A pesar, que la red en su universal crecimiento absorbe – rá hasta el ultimo rincón de In Put conocido.

¿Es decir que hablamos de comportamientos cambiantes, efímeros, broncos?. Si. Pero cada vez más representativos de una suma de movimientos con el único fin de influir en los diversos apetitos humanos que se entrecruzan. Y esto genera una insoportable presión y angustia.

Vivimos la metáfora del desplazamiento, de la agilidad, de la inteligencia emocional. Me desplazo. Hago surf, skate. Soy hacker y al moverme hago saltar las barreras. Millones de emigrantes buscan nuevos hogares. Las películas de ciencia-ficción nos muestran individuos que se insertan en nuevas realidades. Navegar en internet o contactar con millones de web o blogs que cambian constantemente da una sensación de red más amplia que los vecinos de la calle o el bloque de pisos donde convivimos desde hace años. Los nuevos individuos están modulados bajo el prisma de la adaptabilidad”(1).

Los mitos televisivos lo demuestran. Nuestro mas conocido medico, House pone en su soledad dicha enfermedad. Nuestro más conocido mafioso –Tony Soprano- debe consultar su psicóloga particular, o una galería de esperpénticos personajes, abundan en las páginas rosas contado sus inefables solicitudes de amor, o matrimonios de ennegrecido pelaje –los Mohedano que están a punto de divorciarse.

Hay que cambiar el chip… Es abusiva y repetitiva la invasión de lo gestual y conferimos al gesto y la imagen la capacidad de hablar por si solo.

(1)   Juan Re-Crivello: reflexiones sobre Z. Bauman: http://retratodelinfierno.typepad.com/retratodelinfierno/2005/08/zygmunt_bauman_.html