By juan re-crivello

El corazón del Barrio Chino de Barcelona esta cortado por una manzana derribada donde están haciendo un grupo de edificios. Uno de los lados de la calle de Las Tapias, ha quedado prisionera del re-ordamiento espiritual de los socialistas. La otra acera es una parte de la cloaca inmensa y estéril del prostíbulo de los años 60 del franquismo.

Ahora lo ocupan putas jóvenes yonquis venidas del Este que compiten con señoras gordas de artritis y recuerdos de la Barcelona de aquella época. A su alrededor todo a sido dominado por los negocios de paquistaníes. Es el centro de esta orgullosa ciudad, a200 metros de La Rambla.

El Barrio Chino se ha reinventado. Cuando este autor se lo pateaba, los mobles y la sal, y el hambre de los obreros de la gris industrialización cantaban una cancioncilla tramposa y sedienta que reflejaba sus angustias y miserias:

Sábado, sabadete, camisa blanca y polvete.

Pero, ¡todo se acabó!. Todo se hizo rancio y escupió una mezcla extraña de drogatas, carteristas, enemas para los trileros y un buen bocado de avariciosos del sexo fácil, barato,  comprado a jóvenes del este que nadan por Euros y aman enloquecidas mientras esnifan su polvo blanco.

Este viernes volví a caminar por esas calles de almidón sin fuerza. Hacían 30 años que no le pisaba ¡lógico! Era joven y vivía en la porfía del afeminado existir de neo hippie. Cada gramo de madera o de cemento que intuyo reaparecerá en la próxima esquina, está metido en mis sesos. Cada vieja caloría de tanta caspa, de aquel sexo del tardo franquismo que impregnaba mis recuerdos. Cuando los obreros se enfrentaban al sistema y los progres o neo hippies acompañábamos la charanga ante los polis del dictador, o para quienes amaban aquel estúpido y cerrado ambiente de poder.

Y, debo confesar que la restauración socialista de los últimos 30 años, no ha cambiado más que las aceras. El apetito de sexo y droga esta presente como el tequila. Salvo que los asiáticos venden tecnología barata a los hambrientos de soft y novedades. Y… la barbería donde me rasuraban esta llena de morenos. Y el bar del Paco en la Plaza San Agustín, donde los porretas y el Winston se amaban en libertad, esta tapiado.

Poco más. El Barrio Chino les ha ganado la partida a los caballeros socialistas. ¡Guau! Esto me da la risa.