Es tan sencillo sobreponerse a un escaparate de chocolate, o de pastas o de finos caramelos. Solo decidimos aguantar. Para luego alejamos de aquel inmenso y atractivo efecto de sensaciones. Pero al estar en casa, después de la cena. Al merodear la alacena de este espectacular cannabis, nos atrae mientras respondemos diciéndonos: ¡esta será la última!. Que abandonaremos mañana dicha costumbre, de libar frente a la tele.

¡Y nadie nos puede ayudar!. Si por casualidad un familiar nos dice algo en broma, el malhumor que nos produce -por ser descubiertos, es un inmenso infarto. ¿Y los que viven solos?. Nadie les susurra una recriminación. Pero el hecho, de tener la nevera a su disposición, en una sencilla y espectacular soledad, aquello funciona como atractiva y salvaje ansiedad.

Algunos dirán que cuatro lechuguitas y algo mas frente a la tele; otros, ¡con una gran fuerza de voluntad es suficiente!. Otros comerán, para luego visitar el lavabo y dar salida a la vejación al introducir dos dedos en su boca. Así se calman los extremos. Pero el lobo solitario/a esta merodeando ¡cada noche! para recordarnos, que la reserva de alimentos responde a la grafía alegre que dispara la tele. ¿Tal vez sin publicidad nocturna disminuirían los atracones?. Y estaríamos, alrededor del fuego de nuestros antepasados, tan solo para ver, disfrutar, leer, escuchar o rozar una delgada piel ansiosa de compañía.

Igual que nosotros.

Igual de astuta y deseada.

Igual.