by juan re crivello

La paella soplaba con angustia ante el disparate que había soltado el contertulio familiar. Era imposible disimular por los restantes miembros del clan, la bobada aun levitaba en la mesa. Era inútil desdecirse, Lucas sentía un ligero frio en la nuca ante la desdicha de verse reprobado. Pero el jefe del clan, dejo pasar unos minutos. El viejo orín que nadaba en la palangana vacía, debajo de la mesa, se apiadaba de él. Como nadie deseaba dar un paso, uno de los primos, sentado en una esquina, argumento:

_¿Dices que tu mujer te ha dejado y se ha marchado con otro?  “Si” –respondió Lucas. Un buen rato volvieron a quedarse en silencio, El jefe –temido, atizo: ¡Ve y hazle regresar!

_ ¿Cómo? Si ella está muy a gusto con su amante. Me lo ha dicho ayer por la tarde en la última discusión. Fue tan astuta –prosiguió en su relato, que al sorber el vaso de cola, y estando en el saloncito, cambio su expresión en la mirada y en el recorrido hasta volver a conectar conmigo –dijo: Lucas, me voy. Ahí te quedas con tu papi millonario y tus nalgas del grosor de un dado. Ya he conseguido un hombre que me mantenga igual que tu, pero además me haga vibrar en la pista de baile. ¿En la que?, fue mi pregunta más estúpida y artificial –dijo Lucas.

_En la pista, allí… Él se desplaza y me arrastra con facilidad. Yo siento su mejilla, o su mirada, me lleva de un lado al otro hasta olvidar en segundos cualquier traición o mediocridad. Tú nunca has entendido aquello del tango. Siempre lo has visto como un quiebro de compromiso. Pero su música es tenue, sensual. Si te dejas llevar, tu pareja esta a tu lado, tan metida, tan unida, que es una de las pocas gotas de vida no contaminada, por la obligación, por la responsabilidad. Es tan virulenta su carne entre mis piernas, que deseas seguirle hasta el desmayo. Y tú, ¡nunca lo has entendido! Siempre has ido un poco más lento, o has sido tacaño en la entrega. Contigo, mi cuerpo al rozarte, no se electrizaba. ¡Ni miedo, ni pasión aparecían en tus botas! El suelo se hacía áspero. La noche eterna. La música un desquite amargo. Y, no era necesario beber o retocarse. En cambio, con él, vuelo, sin alcohol, con… poca música. Es un sentimiento que nos une y arrastra sin ninguna mezquindad, sin más, es un ligero contorno, descrito en la vuelta, y en la vuelta, que marcamos juntos.

_Solo dijo eso –concluyo Lucas.

El jefe le miro. No había más distorsión ni medida en la excusa que terminaba de escucharle. Abrió la boca, sus labios se balancearon, parecía que la frente se desplomaba encima de los ojos. Estaba abrumado. Un chillido torpe -y dijo:

_ ¡Déjala! ¡Es una minga de puro veneno! Ella, solo busca satisfacer con una tortuosa danza, su soledad.

Los demás asintieron, no tuvieron el atrevimiento de preguntar por ese nuevo y extraño baile que se había puesto de moda en los cabarés de Barcelona.

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