by Juan re crivello

 

La entrega de las condecoraciones se hacía en un salón contiguo a las oficinas de la Presidencia En un descuido fue al lavabo. Si proponérselo, por error derivo hacia un largo pasillo. Desde allí, apareció frente al despacho donde habían asesinado al Presidente. Abrió la puerta y se sentó frente al escritorio. Aquello estaba igual a como lo dejaron, dedujo que nada podía ayudarle. Ese despacho estaba abandonado y se moría de siniestro y débil. Salió de allí y deambulo por el pasillo central. Al llegar a la esquina del edificio, por rutina, observo una puerta abierta y al intentar cerrarla, su intuición le llevo dentro. Nada diferente. Un despacho más de aquel complejo. Si le atravesaba, al final daba a otra puerta pequeña cerrada con llave. ¿Qué habría detrás? Cogió el abrelatas que llevaba y logro entrar. Nada exquisito, solo una estantería donde guardaban viejas filmaciones. Miro por orden, pudo localizar la del día del magnicidio. Cuál sería su sorpresa que allí estaba la filmación entera del despacho  de J L donde aquella noche por costumbre leía. Extrajo el film de su plástico y volvió a dejarlo en su sitio. Esa noche al llegar a su casa puso el material en un viejo lector de Cd. Su resultado no podía ser más explícito: dos asesinos disparaban al Presidente mientras dormía plácidamente en el sillón. Luego le trasladaron a la mesa y le recostaron. Pasados unos minutos, después de salir, una persona parecida al número Dos en estatura, y poco más, limpiaría aquello hasta dejar organizado el magnicidio. Luego haría una llamada -¿a la Comisaria?, para desaparecer tranquilamente.

Frutos sonrió levemente, ya tenía el material para el juez. Cogió el teléfono y luego se sentó para elaborar el informe.

 

A las 4 de la tarde el numero Dos recibió un papel. Decía:

“El trabajo está en el aire. Ha desaparecido la filmación de la noche de autos. Ha llegado a mi despacho un  informe, y una copia de esa noche desde la Comisaria de La Moncloa -del inspector Frutos-, quien solicita una ampliación de las investigaciones”. Firmado juez R. Sander. El numero Dos mascullo y se ajustó las gafas. Su nariz aspiro aquel gélido ambiente. Sus piernas se balancearon de rabia. Desde que había sido Secretario de Organización del partido, jamás había tenido tanto poder y nunca tal debilidad. “Deberás asesinar al poli y hacer desaparecer el informe. No tienes más que 6 horas” fue el mensaje que hizo llegar a un ayudante. Con una frialdad sobrenatural, el ex número Dos se fue hasta la cadena de televisión que dominaba. Ante las preguntas de los periodistas, todo su discurso fue violento y cargado de odio. Detrás de la pirotecnia pretendía demostrar que la muerte inoportuna del anterior presidente le había producido un gran dolor y una gran insatisfacción personal. Pero la realidad del país le contradecía. Agobiado por la falta de recursos, con un desempleo altísimo y fuera de la confianza de sus socios europeos, intentaba cerrar una cuerda que le atraía. Sabía que aquel año de hace una década atrás –el de los Gal –, era pasta de boniato de lo que podía venir en lo sucesivo.  Al llegar a su casa mientras cenaba otro mensaje le altero “hemos intentado cazarle en la calle C y su coche se ha estrellado contra una cristalera. Frutos está vivo y sin un rasguño”.

_¡Inutiles! –exclamo. Repaso mentalmente lo que había hecho aquella noche y todo le conducía a la cinta y Frutos. Y si le llamaba y hablaba con él. O le ascendía. O le chantajeaba con la familia. Decidió marcar su número de teléfono, eran las doce de la noche. Del otro lado el Inspector respondió seco, casi no se le oía, estaba en la bañera con agua hasta el cuello imitando aquellas películas americanas donde la sal está en la sensación que el calor de los músculos de la entre pierna se aviva sin gran esfuerzo. Pero quedaron en un precipicio de la sierra madrileña al final de un camino desde el cual alguna vez cuando joven el Presidente miraba los aguiluchos planear sobre su presa.

7 de la mañana. El coche de Frutos se detuvo en un lateral. El presidente estaba solo. Hacia frio, su abrigo negro tapaba una camisa blanca y una corbata de topos pequeños. Camino hasta su lado, para Frutos el poder no dejaba de ser algo raro e insolente, quienes le poseían aguardaban como un gato varias vidas hasta que la fuerza de los hechos les hacia añicos. Este presidente era un numero dos que llegaba a su cita pasado en años pero fiel a sí mismo. Su estilo surgía al participar en todas las citas anteriores que incluían conducir el país hacia una hoguera de vanidades. Y ahora sin J L pretendía alimentar su ego. No hubo saludo ni apretón de manos, si un intercambio de frases cortas y llenas de silencios.

_Ud. tiene una cinta que nos pertenece –argumento el Presidente.

_No yo, la Policía. Y… pronto el juez

_Le puedo enviar a los servicios a su domicilio y despojarle de lo que Ud. más quiere.

_Y yo… del poder –respondió Frutos. Luego de un breve silencio, el Presidente –dijo:

_Ambos nos necesitamos. Si Ud. restituye lo que pertenece al Estado, nosotros le situaremos donde nos pida. El valle por delante, era largo, estrecho, lleno del frio del invierno. Ambos pudieron ver una vez más, la cita entre el depredador que volaba para descargarse y un conejo que corría suelto en la parte donde la montaña cede terreno al llano. Menuda imagen para esa cita, para Frutos –que no cedería- la respuesta fue elíptica, elaborada, a tan solo tres años de su jubilación.

_Puede Ud. retirarse y llamar a elecciones anticipadas y la cinta será destruida. O puede hacer un alegato de dos asesinos de poca monta. O…

_ ¡Ud. es estúpido! No tiene nada más que una cinta borrosa y conjeturas. Porque abandonare el poder, por un líder muerto que resistía sin más. Por un político que nos hundía con su imprevisión y voluntarismo en la decadencia. El sistema de partidos está acabado, la ciudadanía necesita un cambio y… yo se lo daré. Cogiéndole del brazo se acerco hasta su hombro, era más pequeño que en la tele. Tiene… hasta esta tarde para entregar la cinta,  sino luego el Estado le hundirá.

_ ¡Ud. no es el Estado! El ex número Dos le miro un largo rato, sin apartarse ni soltarle del brazo, su sonrisa taimada, sus ojillos vivaces y llenos de odio parecían mantenerse en aquella trama de un golpe civil y no permitiría que un Inspector de una Comisaria intentara alterar. –Y  dijo:

_Debemos ayudar al Estado. Y comenzó a caminar hasta el coche, un Renault Gordini de hace 30 años. Rojo. Limpio y de colección con una matrícula de las primeras. Así era este nuevo presidente, duro, calculador, con doblez y resolución y un coche propio de hace 30 años. Frutos se quedo un largo rato pensando, no tenia salida, irían a por su familia ¿se merecían esto? ¿El país le agradecería este esfuerzo? Dudaba, la cinta no era suficiente para desmontar la trama. Decidió consultar con un viejo inspector que conocía, tenia los pájaros, pero estos no aceptaban ser asesinos. Al llegar su jefe le llamo a la oficina. Le dijo que necesitaba unas cintas que el poseía. Contesto que no las tenía. Luego le exigió que dejase el caso de La Moncloa, a lo que respondió que no existía tal caso. El Presidente se había suicidado y el caso estaba cerrado. Luego le obligaron a entregar todas las carpetas. Estaba en el punto en que el poder había vencido. Esa tarde visito a su amigo el Inspector retirado y este con una pregunta dio vuelta todo el caso.

_ Si se ha suicidado y su despacho estaba limpio, y hay dos que salen en la filmación, detén a los pájaros y cierra el caso. Y mantén en tu poder la cinta del número Dos, luego busca las relaciones entre el numero Dos y la cloaca del poder. ¿Hay cloaca?

Si.