by juan re crivello

 

Ya no quedan territorios atrevidos ni inquietos. La furia globalizadora cual salamandra ha bautizado cada rincón geográfico o inclusive hasta lo pecaminoso parece normal. Las figuras de cera del tardo estilismo de tele 5 con sus vacuas reflexiones sobre la vida de los demás, o los comportamientos libres y traviesos de su tercer sexo, quien se muestra, con descaro pareciendo que ahora dicho bocado es el único que podemos sentir, todo, da fe… de un final de siglo.

Los escritores inclusive se devanan los sesos porque espacio visitar, para parecer originales, pero hasta la cara de cualquier naufrago nos parece real y cercana, cuando antes estaba perdido durante años y nadie se atrevía a ayudarle en aquel espacio azul y salado de su isla. El mundo se a-cabado, y lo próximo será orbitar fuera, solos, en Marte o en alguna galaxia de papagayos voladores que nos atraerán como hace 100 años. El problema es que la tecnología se ha fundido y no da señas de poseernos, para ir más lejos de lo imaginable.

Estamos al final del futuro.

Los valores del siglo XIX están rotos (igualdad hombre mujer, expropiación de la riqueza, el Estado nos salvará, todos somos iguales, creer en Dios, y el  XXI aun no ha despegado. En esta tierra de nadie en que nos encontramos, hasta que podamos nuevamente montar un ingenio que nos lleve mas allá de Marte. Mientras esta nueva vida explote, tan solo estaremos durmiendo la siesta o calibrando algún remedio para la vista, o como prolongar nuestras vidas. Algunos nos refugiaremos en la obsesión de los últimos estándares de calidad, o sea, como explotar los 10 centímetros finales. Y llegara el día que el salto será de nuevo de “1 kilometro”. Y nacerá un nuevo optimismo, vital, astuto, de guerras y sables, de amores cortos, románticos, esquivos. Mientras tanto algunos escritores –me incluyo- por el momento, hablaran del pasado, de lo imaginario, de la Casandra inexistente. ¡Hasta que estalle ese momento! Y regresemos a los sueños.

¡Qué desagradable!