by j re crivello

Fuera llueve y dentro llueve. En esta Barcelona anudada a los compromisos, la soledad es tranquila y austera, pero amenaza con evaporizar la risa. He escogido un libro de Pinti, un tipo que se sube al escenario en Buenos Aires y uno se destornilla de risa, pero me ha parecido horriblemente argentino, lleno de huevos, cagadas y boludeces.

El discurso de risotadas está lleno de epítetos referidos a la mierda. Este es un libro de los que uno encuentra  detrás de otros libros. Lo encontré al cambiar mis estanterías a una escalera que sube al cielo, hecha de madera de verdad y por carpintero, muchos libros de la segunda hilera han reaparecido.

Constituyen ¿Minas o bombas? O un rosario de historias que se funden. Dice este Pinti (1), que los españoles lo hacemos todo a lo grande, años y años de Monarquía, y un día nos levantamos en Republica y venga hablar de ella, hasta que para sacarle nos tuvimos que inventar una Guerra Civil con millones de muertos. Y, de los cuarenta años de la Dictadura de Franco, oscura, degradada y llena de soflamas referidas a la verdad y ausentes de contenido, ¡que también hicimos lo mismo! hasta llegar la democracia y erre que erre. Pero este Pinti siempre habla en clave argentina, digamos que les dice los inútiles y descarados, o faltos de honor que son. Tal vez la ropa se lava en familia, y cuando la gente le ve en el escenario solo y descalzo, le perdona su ansiedad por el estilo español. Pero al leerle uno no puede menos que inventarse una segunda estantería donde guardar esta fe mezquina en un país –o dos países tan latinos y llenos de amarguras. Pero tan vitales.

¿Pero de que hablábamos? De los doscientos años de errores o de la frescura que supone el reírse de uno mismo. Los españoles más sobrios –que los argentinos, diríamos de nosotros fabricamos la ciénaga cada “x” años y en su interior insistimos en poner o guardar con maestría tanto los objetos personales como las alucinaciones. Todo empaquetado y preparado para aparecer a la superficie mediante la envidia, quien destila nuestras fobias. Y si aquello no nos salva, amamos, cantamos, creamos fiestas o procesiones donde nuestra pasión desborda con tanta clase que 50 millones de turistas nos visitan cada año. Pero puestos a hacer, somos: buenos, imaginativos y eficientes. Mezclamos esa alegría con la técnica. Para ello, algún ejemplo: la nueva cocina, las multinacionales de estos últimos años, o la soberana paliza de invertir nuestros ahorros en una industria que hizo tantos pisos como Alemania, Francia e Italia juntas, o la adecuada y limpia manera de juntar 55 bancos en 15 en tan solo seis meses, o en despedir a Rodríguez Zapatero, con media sonrisa y mascullando nuestra ira.

Soberanos –y elitistas

Los años han construido una nueva sociedad

Latina, rabiosa y exigente

Cuando pase la crisis -florecerá una excelente cosecha

De cuáqueros amantes de la buena vida.(2)

Notas

(1)Palabras de Pinti. Los argentinos de la A a la Z, Editorial Sudamericana.

(2) Los Genes de Mingo Libro prohibido de j re crivello

 

Anuncios