by j re crivello

Dedico este artículo a mi Nona Domenica (una reina del espíritu)

Se parecen a la bondad y la dirigen, pero a veces una duda –al acercarnos- algo nos impulsa a abstenernos o mantener una pasividad religiosa.

El uso de grandes estructuras institucionales –ritos, soberbia, visiones, herejías- median en los sueños de la muchedumbre. En su lógica de poder establecen un decálogo de formas referidas a ser bueno. Ante la incógnita del cumplimiento de las normas, se erige la autoridad revestida de un halo de misterio.

Mi poder viene del Más allá –manifiestan-  tal vez una pregunta o una afirmación que surge de un espacio, donde los incumplimientos son velados, en la esfera del calor y la corrupción. Pero esta imagen celestial es producto de humores propios. Diríamos: “en la mirada de mi poder proyecto la bondad y ahogo mi maldad”. La sujeto, en la oscuridad, en la secreta vanidad que me confiere actuar más allá… de la norma.

El Papado o cualquier iglesia de fieles absortos en la búsqueda del bien, es una construcción que no puede prescindir del catálogo de verdades. Una vez establecido este reino, los moradores son dos almas, los que cumplen y se inspiran en la renuncia, y los que viven en la esfera de la maldad encubierta. Odio, manipulación, sentencias de moral para los demás, ausencia de austeridad espiritual.

El escándalo de la bondad lo invade todo. Su incumplimiento es demasiado tentador. La prohibición alumbra la riqueza y la creatividad de la sociedad.

Pero también la sociedad crea figuras del bien que establece en cada familia, en cada barrio. Pueden curarle un empacho, un resfriado o escucharle. Algunos hasta se atreven a explicarle su futuro. Están provistos de una comunicación directa con sus ángeles, o con algún antepasado “que les recibe” o protege. Son seres menores a diferencia del aparato de la curia, pero están cerca de su gente. No disponen de un Libro Sagrado, ni rezan por la salvación futura, pero en sus voces se mezcla el pasado con el presente y la fuerza de sus predicciones. Estos reyes del espíritu existen desde antes de la Iglesia Católica o Musulmana, dan fe y administran la angustia.

Nos preguntamos: ambas figuras, la grande del Papado o la menor de su familia ¿son presencia de un deseo sustancial de vivir?

#O deambulan en nuestra búsqueda espiritual de un Dios#