by j re crivello

Este artículo elaborado en 22/04/06 lo he retocado, y lo que me pesa es que en líneas generales he acertado. Pero no es cuestión de criticar al capitalismo sino de entenderlo y… entendernos como monos humanos capitalistas. J ré

El calzoncillo planchado o las bragas dobladas en el cajón -sería el título original de este artículo.

Una generación –la mejor formada- se detiene en la casa familiar atrasando su independencia en relación al domicilio familiar. El primer obstáculo es la propiedad inmobiliaria por las nubes. Lo siguiente los trabajos inestables e inseguros. Y mal pagados. La globalización ha estandarizado un tipo de establecimiento comercial de muchos metros cuadrados y pocos empleados. Da igual lo que se venda. Las estanterías rotan sus géneros a velocidad de vértigo. O las páginas webs nos sirven productos aparecidos de la nada No existe almacén o stock. Lo que Ud. ve es lo que ha llegado a la superficie de venta. El próximo modelo será diferente. ¿Quién nos vende? Los lineales. Nuestros jóvenes despachan con rapidez una hamburguesa (Mc Donald), unos libros o CD´s (Fnac), unos pantalones o bicis (Decatlhon) o unos productos informáticos (Boulanguer, ha cerrado ahora es Media Market), o una plaza hotelera (Melia). Miles de metros cuadrados con pocos empleado y agrupados en centros comerciales a las afueras de las grandes ciudades. Mientras, la locomotora china o asiática trabaja a destajo para ofertar lo último a precios de risa.

Un balón de reglamento cosido a mano por cuatro euros.

¿Qué modelo es este? ¿Miramos el manual?

Hoy vuelvo a ser marxista. Este viejo liberal se quita el uniforme ideológico y re-organiza sus clásicos esquemas mentales:

La desvalorización mercantil anunciada en El Capital (más mercancías elaboradas con menos tiempo de trabajo) se impone como norma. Un mundo físico (mas mercancías y con menos duración debido a la moda o a la obsolescencia programada) (1) crece exponencialmente. Un planeta que se agota ante esta enfermiza creación de objetos; a precios más baratos. Y un mundo virtual, de redes a través de Internet que expresan valores imaginarios. La riqueza mercantil o dineraria suma ceros o baja ceros en una nube imaginaria pero tan real como la sólida barra de pan que nos vende el antiguo tendero que ahora abre los domingos (en el caso español, los pasquitanies)

Este infierno capitalista ha cogido velocidad de crucero. Las advertencias ecologistas intentan despertarnos del dulce sueño.

Es inútil, la fiebre nos empuja al borde del acantilado. La promesa de un mundo mejor escribe una nueva página: Será: ¿agria o dulce?

Notas:

(1) Se denomina obsolescencia programada u obsolescencia planificada a la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio, de modo que, tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño de dicho producto o servicio, éste se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible.

Se considera que el origen se remonta a 1932, cuando Bernard London proponía terminar con la Gran Depresión lucrándose a costa de la sociedad a través de la obsolescencia planificada y obligada por ley (aunque nunca se llevase a cabo). Sin embargo, el término fue popularizado por primera vez en 1954 por el diseñador industrial estadounidense Brooks Stevens. Stevens tenía previsto dar una charla en una conferencia de publicidad en Minneapolis en 1954. Sin pensarlo mucho, utilizó el término como título para su charla. Fuente Wickipedia

2) Leí El Capital con 21 años cumplidos y era tan rojo que asustaría a mis amistades. Luego di clases a grupos y en la Universidad, pero temía, intuía que algo de aquella explicación era insuficiente. Tal vez debería escribir: “Aquello que Ud. quiere saber de El Capital de Marx y aquello que no le explica…” Seria una tarea para  dejarle a los jóvenes… un vil material obsoleto ja! ja!