La serie se compone de: mundos antiguos, mundos irreales, mundos prisioneros y mundos parecidos, pero no idénticos, y mundos llenos de manteca.

by j re crivello         Imagen from gimmemorebananas.blogspot.com

Los preparan en las pastelerías o su relleno surge de una relación de amistad. Decimos… a mi amigo le gusta pastelear. ¡Crack! Supone esto que es una persona que se atreve a mezclar diferentes texturas. Es posible. En la historia reciente hemos tenido señores que eran tan rectos que su Dictadura impedía sumergirse en su lección de Estado a otras capas de la sociedad. Luego están aquellos que gustan de vivir entre capas de sabores o de visiones cretinas aparecidas en el último segundo. Nada varía el final. Actualmente, nuestro mundo está dominado por futbolistas que meten el balón en la red y cocineros que crean flanes con un bistec, o sueñan con servirnos un plato de-construido. En ambos, la manteca es necesaria. Para introducir un sencillo pie en el zapato, o para recordar que la aventura no-matrimonial necesita de arte y mentira.

Con lo cual, la manteca es una suave mentira que rellena cada espacio. Usamos suaves mentiras cuando nos dicen: ¡estás bien? Y quien nos pregunta nos la trae floja. Usamos mentiras para pagar los impuestos de acuerdo a nuestros gustos: “había dos opciones y yo pague en la segunda”; se olvida de decir que fue un pago de 200 mil Euros después de ver en todas las cadenas de televisión, que Hacienda iba a por él. Y… atrevidos usamos manteca para servir al compañero corrupto de un origen corrupto: mi padre me dejo una herencia hace 25 años pero no la declare, o hicimos la reforma de la sede y pagamos en negro, pero en nuestra contabilidad oficial no aparece. ¡Estamos limpios1

Y nos hemos acostumbrado a poner manteca en todo lo que nos rodea. Ya no usamos sal, ni mermelada, ni señuelos sensuales de la marca Durex

¡Nos gusta la manteca! Irrefrenables nos disparamos en la búsqueda de coimas, comisiones, sobornos, ayudas, raciones de viajes gratuitos, tranvías que valen 90 pero pagamos ¡250! Y… nuestra cara angélica nos mantiene en el Paraíso y decimos: la decisión no fue mía, pero corte la cinta y eche un discurso demoledor de las bondades socialdemócratas.

¡Más manteca! Y… ¿si permitimos que cada seis años celebren el año Hidalgo? En México cada vez que cambia el gobernante de turno los que se van lo roban todo. Es una forma de aceptar que la mentira de los que parten limpia de cosas inservibles y deja el futuro despejado. Ahora, en 2015, llega el año Hidalgo a la sociedad española.

¿Permitiremos más manteca de los que se aúpen al poder?

#Me temo que siempre tenemos aquellos que nos caen simpáticos y se lo perdonamos todo#

Nota:

La serie aparecerá en mi próximo libro: Carne Frita

Anuncios