by j re crivello

Sociales, de sexo, de seducción, de estudios, empresariales, de cocinar. Y mencionaríamos tantas sucesivamente. Al escribir también hacemos uso de una herramienta que pone sucesivamente nuestras emociones en una selección para salir fuera, como si fuera un tren que marcha al Cáucaso o a San José de la Dormida. Los que no son escritores las verbalizan en la conversación con una amigo/a o en soledad frente al espejo.

Las capas sucesivas de habilidades pueblan esta galaxia y con ella las decisiones. “ayer me compré un perro” dirá alguien al pasar a nuestro lado y uno imaginará un can vociferando los años sucesivos y hasta aconsejando que le queda mejor a su dueño con el movimiento de la cola. O casi al pasar una amiga me dirá sin querer influir “de ese tema no hables en tu columna”, tal vez para espantar sus miedos a ser descubierta con un novio que es de plexiglás y le incomoda.

En este escenario de las moléculas humanas que van y vienen, la soledad se aguanta en sucesivos acuerdos, algunos equilibrados, otros no tanto. En verdades atroces o mentiras que el alma descubre con el paso de las horas o de los… años. A veces mi capa de atleta de la reflexión se altera, como cada año cuando un sábado me arreglo, me pongo colonia y con mi mujer me voy al famoso cumpleaños de las 11 mujeres y tres hombres. Fue este sábado. Y sobre este cumpleaños he escrito demasiado… tal vez.

#Las habilidades humanas y sus pactos con el demonio nos recuerdan… cuan solos estamos#

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