Ayer publico Carmen Villamarín sobre esta preciosa estación de Canfranc, para cerrar el círculo regreso por mi parte con una historia de espías y el oro nazi que menciona Carmen en su relato. Luego haré vacaciones… Buena Semana Santa para todos amigos. -j re

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Martin Alsa y su visita a Canfranc

Sería casi a finales de la guerra, muy cerca del año 1945. Aunque en mi agenda ese dato no aparece, es un vacío que no puedo cubrir -dice Martin Alsa- ante el inspector de la CIA que le interroga. Han pasado dos años y la guerra ha terminado y sabe que tiene que aguantar la presión de los americanos, la inteligencia americana intenta averiguar sobre el oro nazi y les interesa una de las últimas entrevistas que mantuvo Alsa con Goering en la estación de Canfranc
_ ¿Fueron 42 trenes cargados de oro y Ud. no recuerda nada? Dice un tipo alto desgarbado con un bigotito fino que se alarga encima de unos labios que recuerdan a un vendedor de biblias. Es el agente de la CIA que se ocupa del tesoro de los nazis. No es que a EEUU le interese demasiado, pero las comunidades judías están nerviosas ante tanta desidia al terminar la guerra.
_Hubo una entrevista por mi parte en ese final del 45 –relata Martin Alsa-, no se lo negare, y llegamos a un acuerdo muy sencillo.
_Me puede dar más detalles
_Llegue a la estación en coche desde Madrid. Era de noche y la poca iluminación mostraba la magnitud del edificio de 241 metros de planta, 300 ventanas, 156 puertas dobles. Dentro me llevaron hasta un apartado donde me encontré con Goering a solas. Aquel edificio lo habían construido en 1925 bajo el gobierno de Primo de Rivera, para conectar con Francia a través del centro de España, pero nunca había tenido éxito. Un silencio mantuvo a Alsa retenido en sus pensamientos para continuar, había decidido cambiar de idea, debía soltar alguna prenda pues si no los americanos no le dejarían. Continuando con charlas anteriores –prosiguió-, hablamos de los cargamentos del oro nazi. Fueron 40 toneladas que llegaron por Canfranc y terminaron en Portugal en un barco mercante que pasó desapercibido y llego a Argentina. En aquella época, a Goering le encontré muy desmejorado desde mi última entrevista a mediados del 44. Notaba un cierto desdén por el curso de la guerra y aunque él no se salvaría, así lo confesaba abiertamente, su decisión era permitir la salida del metal para contentar a los oficiales que pensaban escapar cuando Hitler desapareciera. ¿Cómo está el? –fue mi pregunta a Goering, note que giraba la cara y bebia del vaso, luego pronuncio una frase cargada de emoción: “haciéndose mierda”. ¿Os queda mucho? –insistí. No me atreví a pronunciar la frase para vuestra rendición. En Buenos Aires tengo todo preparado. El dio unas vueltas alrededor del cuarto. Desde las montañas se veía el monstruo recostado de Canfranc, la imaginación le asociaba a un transatlántico varado en la montaña, desde esa minúscula ventana iluminada parecía romper la negrura del exterior. Tan sola y a la vez tan rodeada la habitación en la conversábamos, el túnel casi no se utilizaba y los maquis franceses habían establecido otras prioridades. “Ve, dijo señalando a la oscuridad, pasando el túnel están los americanos muy cerca. Y los rusos están a 200 km de Berlín, cuando estén a 10 todo se habrá acabado”.
_ ¿Por qué no se instala en Madrid? Es un gobierno amigo.
_En la derrota no hay amigos, el Tercer Reich está acabado. La cara de Goering estaba más redonda y terca que nunca. En su cabeza apareció el Pez nadando en una charca. Aquel que había visto tantas veces cargado de potencia, de oro, de fuerza. Esta vez estaba quieto y sus grandes ojos parecían mostrar un gran desierto que repetía incesante unas imágenes que salían de su boca de un viaje de miles de aventureros en desbandada. Goering dijo: “Estamos acabados… Martin, pronuncio el nombre del espía con desgana, alterando esa M sin ruido, sin fuerza. Y el Cuarto Reich regresara en 100 años. No antes”.

_ ¿Un Pez? Pregunto el agente de la CIA interrumpiendo el relato
_Ese Pez presidia todas sus operaciones. Le he visto siempre en su charca putrefacta y ¡encima de sus cabezas! Como le diría –intento explicarse Martin- es una jugada de cartas que lleva siglos y en el cual el Pez es el núcleo de su resistencia y acción.
_ ¿Una alegoría? Insistió el agente.
_No, un pez lleno de odio que les conduce. En todas mis entrevistas con Hitler estaba presente. El agente no le dio mucha importancia. Y pregunto: ¿Dónde está el oro?
_En mi banco. En Buenos Aires.
_Según nuestros cálculos por aquí pasaron hasta 1.200 Tn. de oro. Solicitaremos su regreso, es ilegal.
_La cifra es imposible de conocer. Ellos tenían otros banqueros, los principales y más solícitos eran los bancos suizos y su gobierno. Pero… no hay pruebas del viaje, ni del depósito. Tengo documentos del gobierno de Perón que dicen que el oro llego de forma legal. Y los gobiernos sucesivos no lo cuestionan.
_ ¡Deme algo! -dijo el agente. Demuestre que es posible recuperar algo de aquello para que la opinión pública pueda estar tranquila. Martin Alsa regreso a sus recuerdos. Le dio a entender al agente que tuviera paciencia y escuchara:
_Dormí esa noche allí y por la mañana pude ver por última vez a Goering. Fue en el desayuno en una espartana habitación de la gran estación. Me senté a su lado y un grupo de oficiales españoles parloteaban en la esquina. El me miro varias veces. Le pregunte como regresaba. “Por avión si me dejan” –dijo y se puso de pie para despedirse. En su cabeza el Pez dormía tranquilamente. Un avión pequeño que nunca había visto, de un solo motor le llevaría en vuelo bajo hasta Alemania. Aun podía parar en algún aeropuerto en Francia que controlaban, pero no le aseguraban un regreso sin problemas. Mientras caminaba por el pasillo de espaldas pude aun ver el Pez despertar y llenarse de sangre. Aquella imagen me ha perseguido durante años.
_ ¿Y el oro? Ud. debe saber que es un expolio -insistió el agente-. Ha surgido de piezas dentales judías, de asesinatos, del robo.
_Le puedo ofrecer una solución, conozco un sitio donde hay la misma cantidad de manera ilegal y está guardado desde hace años. Con ello saldaríamos esta cuestión, Uds. tendrían un caso público y los compromisos que yo he sumido se pueden cumplir.
_ ¿Y si no aceptamos?
El Pez volverá. ¡Volverá! -dijo Alsa de una manera enigmática. El oficial salió un momento para hacer una consulta. Al regresar acepto las condiciones. Alsa pidió un mapa de la frontera con Paraguay y marco un lugar para describir: “el lugar se encuentra a unos 6 kilómetros en coche de la ciudad de San Ignacio, donde viven más de 7.000 personas, hasta la entrada del parque natural Teyú Cuaré. Desde allí hay que caminar 20 minutos por empinados senderos”. El oficial dio por concluida la entrevista.

Martin Alsa estaba libre, de momento. Había dejado fuera del relato muchas toneladas de oro que hicieron esa u otras rutas, pero intuía que esa jugada la conocía la CIA y volverían a por él. También no había mencionado el libro que le entrego Goering antes de despedirse. Era otra parte del trato. De tapas verdes, en su interior las imágenes al abrirlo parecían flotar como si un caleidoscopio que se ponía en marcha y mostraba mundos sucesivos del pasado y del futuro. El libro de la Ciencia y de la Vida como le llamaban los antiguos. Como le llamaba Ludovico.
Esa noche al llegar a Madrid puso un telegrama a Buenos Aires. Era para Ludovico, decía: Libro en mi poder /stop/ la araña rodea el futuro.

Otros capítulos de esta serie que terminará en un libro: Tio Wolf

https://bcnexpres.wordpress.com/2014/10/09/1925-martin-alza-llega-por-primera-vez-a-buenos-aires-002/
https://bcnexpres.wordpress.com/2014/10/15/martin-alsa-desayuna-en-barcelona-en-1944-003a/
https://bcnexpres.wordpress.com/2014/10/31/martin-alsa-y-el-viaje-de-evita-a-madrid-1947/
https://bcnexpres.wordpress.com/2014/10/22/martin-alza-y-una-entrevista-en-1952-004/
https://bcnexpres.wordpress.com/2014/10/25/martin-alsa-se-entrevista-con-dos-jefes-nazis-005/

Datos.

http://www.heraldo.es/canfranc/convoys.html
Noticia del Heraldo que detalla las toneladas del oro
http://ropdigital.ciccp.es/pdf/publico/1945/1945_tomoI_2759_04.pdf
Recuerdos de Machimberra, Ingeniero de Caminos que participó en la construcción de Canfranc
El oro nazi y su lavado:
http://hnumisma.blogspot.com.es/2011/10/el-oro-nazi-en-espana-y-las.html
http://elpais.com/diario/1998/06/08/internacional/897256806_850215.html
http://elpais.com/diario/1997/01/28/internacional/854406004_850215.html
Leyendas de la ciudad de Canfranc
https://cajondesastres.wordpress.com/2007/08/19/leyendas-de-mi-ciudad-canfranc-los-espias-y-el-oro-nazi/
http://antoncastro.blogia.com/2012/102802-ramon-j.-campo-el-oro-nazi.php
Las minas de wolframio que abastecieron a la maquinaria de guerra nazi desde España
http://casaio.blogspot.com.es/2009/01/la-mina-de-los-alemanes-en-fotos.html
Datos turísticos
http://www.iberica2000.org/es/Articulo.asp?Id=2948
http://www.guiarte.com/canfranc/cuentaviajes/la-estacion-varada.html
http://www.heraldo.es/noticias/aragon/huesca_provincia/2012/12/18/el_gobierno_aragon_compra_estacion_canfranc_215649_1101026.html

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