Intento seguir la estela de Mercedes Gallego, con su interesante artículo “la vida no es un chat” y ver internet desde una óptica complementaria. -J re-

En el Face me han dicho; en guassap comentan; con mi familia nos comunicamos por Telegram; con ciertos conocidos en el Privado del Face; y… utilizo tres cuentas para e mail; en una la clásica, en otra el “cul de sac”, y en la otra la del trabajo; además de los comentarios del blog que cada día aumentan y uno no puede responder a la ligera… sin contar los grupos y desde luego que el twitter a quien ya no miro.
¿Hiper-conectados?, a este flujo de comunicación no todos pueden mantenerlo. Para ello es necesario disponer de una buena cantidad de horas libres y estar dispuesto a respuestas rápidas, cortas, inclusive cargadas de pólvora.

En mi caso trabajo con niños y adolescentes cada tarde-noche. Los grupos varían y también sus personalidades, cada minuto que pasa estoy sujeto a una sonrisa, una media frase o sencillamente alguien descarado camino del infierno. Al final del día, cuando me retiro y contacto con mi mujer o alguno de mis dos hijos mayores me desconecto o me re-conecto. El móvil y lo digital desaparecen, es una decisión personal para evitar aceptar nuevas historias, pero si reaparecen en algún ritmo de un miembro familiar.
¿Qué hacemos con el envoltorio físico de un mono humano que vagó hasta aquí desde África y se ha conectado? Cuando me reflejo en el día a día suele suceder que absorber más inputs es una tarea que deja poco espacio para la sorpresa.

Me quedan las mañanas, con una caminata con mi mujer y luego una jornada para escribir, recibir más input y regar las plantas, o lavar los platos.
Sumando las horas cada vez aumenta la respiración artificial, diríamos la parte que estoy residiendo en el mundo virtual. Sin contar que al ser escritor, vago por mundos que varían, por citar ayer escribía una historia en colaboración con un escritor mexicano: Ernesto Cisneros-Rivera para el lunes, en la cual los personajes asaltaban una casa en México.
Y aún los domingos alejado en la tardo-siesta, comparto con mi mujer películas donde por una extraña razón, siempre me emociono y lloro suavemente. Mi familia ya lo sabe, soy un llorón, ni la red oxidada y triste es capaz de reemplazar esa soledad que me convierte en un arrugado mono que ha… crecido desde lo físico a lo virtual.

¿Un plátano o dos? ¿Quitarse el pelo o dejarlo crecer? ¿Vivir en clan o ser individual? ¿Visitar la frontera de la estepa que lleva a Europa o quedarse en el árbol? O… tuit, tuit, tuit

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