La serie se compone de la casa de la creatividad, la casa del sueño, la casa de los muertos, la casa del hambre, la casa de los espíritus. -j ré-     

 

Inútil mencionarla, es un sin sentido. En el Occidente rico es el miedo a asaltar la nevera por las noches y aumentar esos kilos de peso, de barriga de comida mal parida por la publicidad. Y en el resto del mundo es hambre. Una palabra utilizada para mencionar una escapada de África hacia el Mediterráneo y llenar con tu cuerpo la herida de un lago mar que no para de recibir muerte.

A veces recordamos aquel día en que nos regalaron el primer dulce, y nos fuimos comprometiendo con aquella civilización del caramelo y las grasas. En la casa del hambre la debilidad nos corroe y agravia, nos incorpora al deseo para sobrevivir. En la otra cara vaga el deseo que es casi parecido al sexo, irrefrenable. Y ha surgido una larga especie de amaneramientos para esquivar el deseo, desde el gimnasio, a las enfermedades de rechazo a alimentarse, o a la fiebre de yogures desvalidos, a la eterna dieta o en la última, una pastilla que reduce las grasas.

Es la casa del hambre, la padecen los pobres y la emulan los que viven en el bienestar. Ante ello claman los santones de izquierda: ¡repartir! Como si fuera una tarta que necesitara el burócrata de turno que dice con el dedo hoy te toca, mañana no.
No tenemos arreglo, los 1.000 millones que viven con 1 Euro al día o menos morirán. Desaparecerán en un océano de delirio mental por poseer un pan y… los aupados al consumo algunos reducirán su dieta, los demás les matara el azúcar.

#Que está presente en todos los alimentos, inclusive hasta en las hamburguesas#

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