By J re crivello

El Hotel Patria estaba casi desierto. Una ventisca de arena fina daba en sus ventanas. Su jefe de recepción terminaba el turno de noche y apunto en un papel una frase: “llamar a la policía para explicar que la tubería hace un ruido extraño”. Luego movió la manivela del teléfono y pidió que le conectaran con la comisaria. El recinto del orden, estaba situado en una plaza y era de dos plantas, tenía dos jaulas o tres máximo en la parte central. Le atendió quien también acababa el turno cerca de las 10 de la mañana y quien anoto en un papel doblado en el centro y con líneas de un bolígrafo especial, en la que incluían. Hora, calle, siniestro y si le visitaban o no. Y luego una charla de unos minutos decidió al poli a ir hasta el hotel. Pero la conversación fue del tipo:

–Soy del Hotel Patria. Le llamo porque la tubería de la habitación 105 da un ruido raro.

–Debería llamar a García –respondió el Jefe y continuo, es quien entiende de tubos y pérdida de líquidos.

–Ya le he llamado, pero esta vez intuyo que hay algo más. El policía, recordó otras intervenciones en ese hotel, plantado en una carretera que unía dos grandes ciudades y donde sus clientes siempre dejaban su especial tarjeta de vista, pero miro fuera y el fastidio de la tormenta de arena le llevo a insinuar:

–Si la ha abierto y no encuentra nada no hace falta que me llame. Su interlocutor insinuó una vez más:

–Debería estar presente –y colgó. R Zapotec, se puso la pistola en la cintura, miro si tenía el formulario B de “denuncias raras y resúmenes ocasionales” y puso un cartel sobre la mesa donde decía: “enseguida regreso” y agrego en lápiz estoy en el Patria. Al llegar fueron hasta la habitación, no era tan grande, esa noche dormía un chino llegado de Shanghái para la venta de artículos de pólvora para la feria del pueblo. Una vez frente a la tubería, García comenzó a desenroscar para permitir que el diámetro de medio metro dejara ver dentro. R Zapotec pregunto:

–¿Porque una tubería tan gigantesca pasa por esta pared? “Viene desde el criadero de cerdos de Martínez y va hasta el rio –respondió el Jefe de Recepción. Antiguamente llevaba agua desde ese manantial a la fábrica y la utilizaban para dar de beber a los animales, luego conectaron con la red”.

–Y ahora no llevara agua, sino ¡nos ahogaremos ¡ –dijo R Zapotec previniendo el desastre que imaginaba

–No se preocupe –respondió esta vez García, hemos cerrado una llave de paso que esta medio kilómetro más arriba. La tuerca gigantesca cedió, y un hilillo de agua se vertió en un cubo puesto por el operario. R Zapotec –pensó- ¡fin de la historia!, ahora relleno el formulario y luego a dormir en casa. Ese día tendría una tarde agitada, hasta el próximo libraba y, pensaba asistir a una boda de dos paisanos. Ella rubia de níquel, de senos grandes, caderas redondas que recordaban a Lucifer y el apretadísimo en el culo y cintura con unas  espaldas de diamante. Hacían una buena pareja, se conocieron por culpa de una invitación de el para subir a la montaña que comienza a escasos metros del Patria y lleva a un pic nic donde se dan cita familias y parejas por la noche. A veces, los mirones solitarios del pueblo –que son cinco- los detiene de vez en cuando- pues se pasean para ver a esos jóvenes meterse mano.

–Pues nada –dijo García intentando poner la tuerca de nuevo. Pero el hilillo de agua creció y cambio de color a rojo hasta aparecer una cabeza humana. De un tipo malayo, recia descompuesta, pero no muy antigua. El Jefe de recepción exclamo:

–Este estuvo aquí hace dos días.

–Y… ¿abono la cuenta al irse? –pregunto R Zapotec

–En el Patria –agrego el de recepción, tenemos muchos clientes de paso, y algunos se van sin pagar. En concreto este recuerdo que llego a las 2 de la madrugada con un bolso de charol negro brillante y fumando un cigarrillo detrás de otro. Pidió una habitación con ducha y dijo que no le molestaran durante dos días.

– ¿Y se metió solo en este tubo? –dijo García. R Zapotec con ganas de desayunar pidió a García que mirara dentro del tubo con una linterna por si estaba el resto de su cuerpo. El operario con gesto de desaliño y temor le hizo caso y respondió que allí no había nada. R Zapotec ordeno cerrar y se sentó en una mesa. Allí escribió en el formulario “cabeza encontrada en el Hotel Patria a las 8 de la mañana de un ciudadano malayo que pidió descansar dos días y se perdió su cuerpo yendo a parar su cráneo dentro de una tubería que no lleva nada pero que une la fábrica de cerdos con el manantial. Causa posible de fallecimiento: Perdida de unión accidental de cuerpo y alma. Caso cerrado. El Jefe de Recepción informa que se llamaba C. R. Quar. Y luego firmaron los tres. Por parte de García fue posible después de una breve discusión, que agregaran al texto una frase un tanto enigmática:

“El cabezón estaba en perfecto estado y la brillantina de su cabello olía a jazmín”