Amigos, ayer he publicado una colaboración de la escritora Mercedes Pinto “Las Margaritas”, hoy en mi caso, os traigo una artículo de flores. Las buganvillas, el jazmín, las enredaderas amarillas. En ambas publicaciones detrás de los títulos se esconde… la vida. Saludos –j re-

Dirá en su momento Epicuro que el “azar es inestable, pero nuestra voluntad es libre”.

Buganvillas
La primavera es una estación propicia para el nacimiento de esta flor, su delicado rojo y la dificultad de poseerla en una pared o un patio abandonado nos recuerda al amor de nuestros hijos. Cuando se acercan a los 20 y se alejan de nuestra realidad. Podemos poseerles pero debemos dejar que su líquido se escurra sin más. Luego su amor regresara despacio y fértil. Pero al apartarse sentimos un gran dolor y una profunda insatisfacción. Se han ido. Y les dejamos, como una lenta y suave tarde de nuestro viaje al frío.

El Jazmín
Es de color blanco o azul cielo. Llega otoño y se retira. Desde el verano ha crecido alocado y su siesta en los tórridos devaneos del sol, nos han grabado en aquella atmosfera de camiseta, tumbona o reinado del lagarto. Dirá en su momento Epicuro que el “azar es inestable, pero nuestra voluntad es libre”. Esta mezcla de afable inseguridad y pecado por vivir es nuestro sino de humanos. Desde la madriguera observamos que es posible alumbrar: tal vez una borrachera, un estilo, o una violenta ráfaga de amor. Podemos elegir y combinarlas. De este coctel explosivo, en los subsiguientes estará previsto el marco de nuestras futuras miserias, o alborozos, o renacimientos.
Por ello el jazmín alberga esta dualidad, crecer y brindarse y aplacar su furia al llegar el frio.

Enredaderas Amarillas
De las raras trepadoras que pueblan otoño, estas flores crecen por el tallo y luego al afianzarse invaden su entorno hasta desplazar a sus compañeras de viaje. Inexplicable metáfora de la vida. Su amarillo salvaje y glacial nos atrae hasta partir, ¿es un polo diferente de nuestra mirada? ¿Es la angustia de otoño? Una estación que nos interna en el frio y las tardes de poca luminosidad. Del descaro de esta planta al entregarnos las últimas ráfagas del verano, aparece la mitología de la actividad extractiva, laboral, del crudo invierno de la crisis. Al final del trayecto nos espera lo incierto, el desgaste, ¿la liberación? Tal vez hablamos del entierro de nuestras penalidades y recelos del homo económico o simplemente es un estado vital. En esta imaginaria carretera, plegados a la cintura del correoso invierno nos dejaremos llevar. La nuca estará firme, los pensamientos quizás también, pero el corazón batirá alocadamente; ante lo cual, un filósofo como Epicuro definirá: “el futuro no es del todo nuestro, pero no nos deja de pertenecer”.

¿Elegimos pues?, las flores nos acompañaran tan cautivos que estamos del ciclo vital, y citaremos a Nietzsche, cuando nos dice que el Eterno Retorno se despliega dirigido por la naturaleza quien crece y desborda continuamente a los límites que encuentra.

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