Julio G. Castillo ha tenido a bien en enviarme un artículo sobre la economía española. Es difícil ponerse de acuerdo donde estamos en esta particular carrera de salir de la Crisis y a la vez mantenernos en los primeros puestos de la globalización, en magnitudes como el PIB o sectores que incluyan I+D; sin descuidar la desigualdad en el interior de nuestra propia sociedad. Les invito a leer y opinar el artículo de Julio G. Castillo y mañana el de la factoría Re. –j ré.

Julio G. Castillo

En septiembre de 2007 España se encaminaba a una profunda recesión que aún padecemos. El entonces presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tuvo una ocurrencia para subir la moral del pueblo: «España participa en la Champions League de las economías mundiales (…) es la que más partidos gana, las que más goles ha metido y la menos goleada».
Ocho años después, con el país hecho unos zorros en cuanto a distribución de la renta, y siguiendo la tendencia natural de los gobernantes a la fabulación para ocultar sus incapacidades, el actual presidente Mariano Rajoy no ha dudado en retorcer de nuevo las cifras: «España es el país que más crece en Europa y el que más empleo crea». Lo dijo en un debate sobre el estado de la nación. Y, como diría un castizo, se quedó tan ancho.
La oposición se lanzó en tromba contra el triunfalismo del líder conservador, como cada vez que abre la boca para trasladarnos las bondades de su gestión económica. El argumento que suelen esgrimir sus contradictores es que Rajoy se aferra a las grandes cifras para ocultar el deterioro del bienestar social, la brecha cada vez mayor entre ricos y clase media, o las miserias del empleo en cuanto a precariedad y bajas retribuciones.
En síntesis, utilizaría el crecimiento del producto interior bruto con fines electorales, ahora su partido se enfrenta a los embates de las formaciones emergentes.
El problema de Rajoy, como lo fue el de su antecesor socialista, es que ni siquiera los datos macroeconómicos que esgrime responden a la realidad. No quisiera aburrir al lector con las comparaciones estadísticas, pero si queremos saber hacia dónde vamos, es bueno saber cuál es nuestra posición actual en la Champions League europea o internacional… no vaya a ser que estemos hundidos en la tabla, luchando para no bajar a segunda división.
Recientemente he escrito en una revista especializada:
«Dice una mujer de apariencia frágil en un chiste de “El Roto”: Detrás de los números hay personas. Y un hombre de aspecto irascible replica: ¡Pues que se aparten!. Es obvio que se refiere a las personas».
Vayamos a la comparativa. La dura realidad demuestra que no somos “el motor de Europa”. Otra frase genial, esta vez del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.
Sucede más bien, según datos recientes del organismo estadístico Euroestat, que Hungría, Polonia, Reino Unido, Rumania Estonia, Lituania o Eslovaquia superan a España en tasas de crecimiento.
Otro ranking establece una comparación entre el Producto Interior Bruto de los países y los sitúa en orden descendente. La fuente es el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los datos se proyectan sobre el presente año 2015.
Si España hubiera experimentado un crecimiento tan intenso como para convertirse en el motor europeo, lo lógico sería su ascenso en la lista. Por el contrario, perdemos posiciones. México ha sido el último país en superarnos. Hemos pasado de la novena plaza en los años del “boom” inmobiliario a la catorce en la actualidad. Cierto que en aquella época especulativa las cifras del PIB se inflaban con la riqueza nominal, que se demostró efímera en cuanto se desinfló la burbuja.
Pasemos a la corrupción, una lacra difícilmente mensurable que lastra la eficacia económica, sin olvidar la moral ciudadana. Aquí sí ostentamos posiciones de cabeza. De acuerdo con el último informe de la ONG Transparencia Internacional (TI), referido a 2015, España ocupa en la lista europea la posición número 19 entre 30 países analizados. ¿Nos perseguirá la maldición del festival de la canción eurovisiva donde desde hace muchos años no nos comemos una rosca?
Peor es la clasificación mundial. Como ejemplo, Taiwán, Polonia, Puerto Rico, Portugal, Chipre y Botswana son países menos corruptos que el nuestro.
Para que sirva de consuelo, los representantes de TI aseguran que la corrupción en nuestro país «no es sistémica». Es decir, no ha entrado en fase de metástasis, porque «se centra en el ámbito político con la complicidad de ciertas empresas».
Ello evitaría que, algún día, el presidente del gobierno de turno rasguee la guitarra en el Parlamento y entone la inmortal estrofa del tango “Cambalache”:
Si uno vive en la impostura / y otro roba en su ambición, / da lo mismo que sea cura, / colchonero, Rey de Bastos, / caradura o polizón.

Obra literaria: Julio G Castillo

Anuncios