En estos días de pactos, reuniones y ruptura del bipartidismo, algunos pueden regresar hacia atrás, a los años 2010- 2013 en que se sentaron las bases del cambio político en que vivimos. En Planeta Zapatero recorro como en un diario personal, los años más movidos del último gobierno del PSOE. Es una crónica meta-política de personajes, angustias, e incertidumbres en una economía que no paraba de encogerse. Subiré 5 artículos de este libro que estará gratis en Amazon y se puede leer desde cualquier espacio de su contenido. La obra tiene un prólogo de Luis de Guindos, cuando aún nadie sugería que sería ministro, y algunos intuían su nombramiento. Como siempre decimos en estos casos, dentro de unos años agregaré a Planeta Zapatero los e-mails intercambiados en su momento con el actual ministro –j ré-

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I. La ideología Radcon (el ascenso al poder)
El largo periodo que se inicia en el año 2004 con el triunfo de Rodríguez Zapatero seria inexplicable sin considerar los años que van entre el 2004 y 2007. Su genuina ideología Radcon tiñe la sociedad de una suerte de optimismo vital, exceso de talante, asentado en una economía de marcado estilo desarrollista.

2004: Funes y el poder

Funes pasó el cuchillo con la mantequilla sobre el pan. Veía la tele. El PSOE contra todo pronóstico había ganado las elecciones. Esperaba que algo cambiara. Intuía que la borrachera de cemento y tochanas se iría acabando. Pero algo más estaba en su piel, tal vez una subida de impuestos, una razonable conversación con el electorado desde el poder. El fin del Aznarismo supondría el descanso de la discusión eterna e insensible con los poderes nacionalistas. ZP prometía un poder descentralizado y menos caña a los desacuerdos. Funes apretó el pan y le metió dentro del café. Le gustaba que se derritiera la grasa hasta nadar en ese brebaje marrón. Se prometió a sí mismo, en la próxima semana abandonar paulatinamente la construcción y dirigir sus negocios hacia los servicios. Con el próximo gobierno se instalaba una manera de entender la economía, los socialistas la pondrían al servicio de la sociedad y el Estado. Aunque él no se engañaba, con su ocupación del poder intentarían someternos a normas, recargos, decisiones y con ello pronto aparecerían los problemas. Debía deshacer posiciones sin considerar más que este nuevo liderazgo, viviría para construir un nuevo escenario parecido a la Republica, pero light.
Funes llamaría esa tarde a sus amigos. De la larga conversación dedujo que estaban felices. ¡Muy felices! Sentían que el gobierno formaba parte de sus intereses y necesidades. Ya nada le recordaba a Aznar. Le habían dejado tieso e inmaduro en un rincón, donde las almas depositamos a los padres molestos. Después de 8 años del gobierno de la derecha, el dialogo y el talante presidian el hueso del recorrido de la nueva política.
Pero Funes intuía que no siempre la izquierda había sido positiva en este país. En su descansillo mental, le martirizaban los 10 años de Felipe González que desde su claroscuro les rebatía. Sus amigos, como muchos ciudadanos españoles -intuía Funes, solo veían las últimas horas del 11 M. Después de colgar el teléfono, abandono su salita, abrió la puerta que daba al jardín, un bóxer le interceptaría sus pasos. Le hizo cariños, se estiro a su lado, y le dijo en su oreja: “cuídate del santo que nace enfermo de sabiduría”.

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