En estos días de pactos, reuniones y ruptura del bipartidismo, algunos pueden regresar hacia atrás, a los años 2010- 2013 en que se sentaron las bases del cambio político en que vivimos. En Planeta Zapatero recorro como en un diario personal, los años más movidos del último gobierno del PSOE. Es una crónica meta-política de personajes, angustias, e incertidumbres en una economía que no paraba de encogerse. Subiré 5 artículos de este libro que estará gratis en Amazon y se puede leer desde cualquier espacio de su contenido. La obra tiene un prólogo de Luis de Guindos –j ré-

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El monstruo de Tia Mari
18/10/2008

“Se levantó de su cama, se fue hasta el pasillo, el desayuno le esperaba. Era uno de esos días en que su tarea estaba destinada a los inversores y ahorradores. Él estaba convencido de refundar el capitalismo. Con guante de seda y saludo de préstamo se sintió aquejado por una rara predestinación. Debía asistir a la próxima conferencia que organizaría Brown en Londres y convencer a los demás que la socialdemocracia era la única capacitada para partir al gallo en dos tajadas. Los datos de morosos eran apabullantes, hace un año les debían a los bancos 14.000 millones de Euros y ahora 50.000. Aquello era una bola que crecía sin parar debajo de las declaraciones oficiales”.

Tía Mari se había levantado temprano, con su cara de pan y sueño torpe, se fue al baño y levantándose la enagua, en el mingitorio dejó sonar un cantarín sonido. Esa mañana iría a la caja a sacar sus ahorros y los pondría en el calcetín. Las noticias del telediario no eran buenas. El gobierno había preparado un monstruo de 25 billones y un decreto para quedarse con su banco. Que se comieran al Santander o a su caja de toda la vida, era un atropello, pero que además pretendieran ayudar a Botín era aún mayor. Pero, lo que más le molestaba, era la desvergüenza ante la colección de pequeñas empresas que caían como moscas al lado de su casa. Aquello no le convencía. Se metió una bolsa del Mercadona cerca de la barriga y salió para el centro. Tía Mari había previsto ir en taxi y que el conductor le esperase en la puerta. Al entrar a la caja ya presintió que algo no iba bien. El amplio salón estaba vacío. Eso le daba mala espina: ¿ya se le habían adelantado?. No sin cierto escozor de nalgas, pensó que la cosa pintaba fea. Llego hasta la mesa y puso la cartilla frente a Pedro. A él le conocía desde hace dos años. El cajero le miro extrañado y le pregunto que deseaba. Tía Mari estiro la cartilla y dijo dos palabras grandes y redondas:

“Démelo todo”.
_¿Todo?. “Me lo llevo antes que el gobierno se quede con la caja” -dijo. El empleado esbozo una sonrisa y le intento convencer que el decreto del viernes, relativo a las ayudas a los bancos era tan solo por si era necesario. Que el banco de Botín era uno de los más sólidos del mundo. Que su caja era la segunda por depósitos. Que el sector financiero español era el mejor del mundo. Y que no habría problemas. Además “el gobierno garantiza los depósitos hasta 100.000”.
_Por eso, deme mis 105.000 –respondió. En mi casa estarán tranquilos. El empleado se levantó yendo en busca del jefe. Este intento decirle lo mismo e inclusive le prometió un reloj de pared. Ella solo fue capaz de responder: “Todo”. Trajeron su dinero y ella lo guardo en la bolsa del Mercadona. Se puso de pie y se despidió. Algo le decía que aquello no iba aquello bien. La oficina seguía aún vacía. Antes de salir pasó por delante de la foto del director general. Era un político socialista. En Cataluña le conocían por su hobby de tocar el piano.

¡Qué te jodan! –exclamó-. ¡Ya puedes seguir haciendo música!

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