by j re crivello

¡Es una pena que Gabriela ya no esté!
¡Es una lástima que Nacho se haya apartado de mí!

Cuando uno tiene un sabor amargo, originado en un afecto, parece que el día es un poco extraño. Hay gente a la que no le afecta. Sintonizan otra radio. Se meten en su funda de trabajo y estructuran sus actividades, logrando a los pocos minutos, que aquello parezca una minucia. Para otros, su debilidad es el afecto. O mejor una pequeña carga de seguridad que le estimula a aguantar los pecados que observa a diario.

¿Y este azucarillo como se disuelve?
Con el paso de los días la tormenta se disipa o se hunde hasta dejar sin olfato a los partícipes. Pero mientras ello ocurre, multitud de seres anónimos van a sus trabajos y guardan ese botín de amargura en su interior. Y nada más… Bueno tal vez decir:

Que la nuez se parte.
Y se divide en hojas tiernas de sabor.
Hasta que la rugosidad de su atractivo.
Nos abandone (1).

(1) Los Genes de Mingo, poesía no editada j re crivello

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