Lo suelto, no lo suelto… pues amigos aqui va el capítulo 4 … Crash!

by j re crivello. Novela de 175 páginas que estoy corrigiendo y escrita en el año 2009.

Capitulo 4

2ª noche de 1958

Gerardo camino hasta una caja que estaba en el suelo. Dejo la Eveready a un costado inclinada, lo suficiente para que proyectase la luz. Quito la tapa, y recogió unos papeles al azar. Estaban escritos con una letra redonda y prolija. ¿Que significaba aquello?, acerco aun mas la linterna, los datos estaban ordenados por fecha. Comenzaban en 1953. El detalle sumamente prolijo, de quizás la letra de su padre establecía: numero de orden, nombre del chofer, kilogramos, salarios del chofer, direcciones de entrega, ruta. Todos iban dirigidos a Tony G. decidió recoger las aproximadamente 100 cuartillas, puso la caja bien tapada en un rincón, cogió la linterna y se dispuso a subir por la escalera hacia el despacho.
Al cerrar aquella puerta pequeña, encendió la luz de la mesilla, miro el reloj, eran las 3 de la madrugada. ¿Quien era ese Tony G? Fue hasta un mueble, abrió una puerta, allí se apretaban unas con otras las agendas de su padre. Era tan meticuloso, que intuía alguna pista surgiría de aquel año. Repaso con el dedo el lomo de cada una de ellas, la última, llevaba la fecha: 1953. La aparto y la abrió. Decidió de manera intuitiva buscar en las direcciones, nervioso, atropellado miro en la G, bajo en línea hasta ver Tony: 6564578. Sin preocuparse por la hora fue hasta el teléfono y marco el numero. Sonaba ¡Venga! ¡Venga! ¡Contesta! –dijo.
_ ¡Hola!, ¿quien es? Una voz femenina repetía el saludo con insistencia.
_Hola -se animo a decir.
_ ¿Ud. sabe que hora es? –le interrogo una voz aguda.
-Si -respondió. Quiero hablar con Tony G.
_Soy su mujer –dijo su interlocutor
-¿Puedo hablar con el?
_ ¡Esta Ud. loco!.. Llama a mi casa a estas horas y pretende algo tan extraño.
_ ¿Porque extraño? -pregunto.
_Mire, mi marido, esta en la penitenciaria de Las Lomas.
_Tuu, tuu… el sonido del teléfono se diluyo en una repetición sin fin. G colgó el tubo, apago las luces. Mañana bien temprano iría a verle a la cárcel. Las Lomas: “aquello está a media hora de aquí”, y se durmió.

10:00 Hs de 1958

G decidió llamar por teléfono a un primo suyo que trabaja en el penal y este le prometió que está misma mañana cerca de las 10 podría entrevistarse con Tony G. Se preparo, cogió las llaves y camino hasta su coche. Al llegar a la esquina, giro hacia la derecha en dirección a la nacional 120. La cárcel estaba en un descampado a 10 Km desde la última salida del pueblo. Vivian unos 500 presos, repartidos en dos pabellones. Aún recordaba que había estado una o dos veces para visitar a su primo y aquel era un sitio que no le hacia mucha gracia. De Tony G todos decían que había sido un antiguo colaborador de su padre, con lo cual al segundo le sumaban la expresión: “traficaba con droga”. Antes de llegar el camino pasaba por delante de la taberna de Paris, quien representaba una frontera, donde se juntaban ex-presidiarios y elementos que vivían al límite del sistema. ¿Que podía preguntarle a este tipo? ¿Le reconocería que esos cargamentos detallados en las hojas existieron? Ahora que recordaba, en la prisión sabia dar misa el cura del pueblo -un tal Abel. Era quien le había dado la comunión hace años. ¿Tony habría participado en el asesinato de su padre? ¡Que gran misterio rodeaba aún aquel día! Siempre volvía a su memoria, como un presentimiento, como una carga de odio/amor, cuando pudo ver la escena del crimen, aquel trazado de la carretera, luego la curva y una ligera pendiente y mas abajo el Buick del 41, aparcado en el arcén y la puerta del lado del volante abierta y su padre acribillado, desgarrado, casi vuelto sobre la derecha y cubierto de sangre. Fue un poli quien llamo a casa de su madre, él estaba descansando, luego de la sorpresa, subirse al coche y pasar delante del hotel de Paris -donde ahora se hallaba, y unos 4 Km. mas aquella fatídica curva. Paris, ¡Siempre Paris! Todo se cocinaba cerca de este oscuro personaje, desde donde salían los chismorreos, las venalidades, los acuerdos para el trafico o los bacanales de prostitutas que ejercían por encargo en las casas de los poderosos de la comarca. Dudaba si seria interesante tener una charla con Tony G -reflexiono en voz baja. ¿No había sido tan amigo de su padre? Ya se vería en el penal, unos metros y se detuvo en la garita de entrada, un tipo regordete le pidió la documentación, le mostro su DNI verde, como libreta de cocina, donde multitud de hojas hablaban de la constitución y la civilidad. El guardia le pregunto a que venia, el dio el nombre de su primo por respuesta. El guarda se retiro y atravesó la puerta, fue hasta un teléfono, lo levanto, giro su manivela, su voz potente a lo lejos dejo oír:
_Está aquí el hijo del Viejo. ¡Que cojones! -pensó G. ¡Este gordo de mierda me asocia a…!. La bola grasienta, moviendo su barriga en sentido contrario a su interés, salió de la garita, y dijo: Vale, puedes pasar. Una exhalación con sabor a ajo le dio en su cara, G intento apartarse, le molesto tanta familiaridad. Una vez en el interior, su coche avanzó por un camino apretujado y con curvas, que pasaba entre campos. En los alrededores grupos de presos vestidos de naranja y con largas cadenas cuidaban la huerta. La muralla -de la verdadera cárcel-, se aproximaba, se detuvo por segunda vez, pero aparco el coche en un lateral. El vigilante ahora fue mas preciso, se situaba en una entrada adosada al muro y le hizo pasar a una sala, allí le cachearon de mala manera. Luego siguió por un corredor que finalizaba en una reja descomunal. Le abrieron una puerta mas baja, ya dentro, una sonrisa de entre varios policías, le permitió distinguir a su primo. Quien le acompañaba le llevaría directo hacia él. Inquieto por saludarle, observo como su primo blandía su porra en una mano. Le abrazo y le dijo:
_Hola, ¿como estas? Su primo era grande y alto, aún joven y sediento de poder, con un cabello desmesurado, de rizos y unos ojos negros que luchaban por sostener ráfagas de viveza en aquel paraíso de los intereses. Ven, acompáñame, Tony te espera. G le seguiría sin salir de su asombro, parecía que viniese a visitar al director del penal. Atravesaron un pabellón inmenso, las celdas se unían unas a otras sucesivamente. Algunos presos le gritaban ¡cabron! Al llegar al final, otra reja bastante más grande que la anterior fijaba los limites de sucesivas influencias en aquel palacio del crimen. Su primo extrajo una llave, abrió una segunda puerta, hacia el final se veía una celda solitaria. Al acercarnos, pudo ver dentro un tipo canoso, de cabello ondulado muy musculoso que crecía en una cabeza grande adornada con dos labios finos e inseguros. Tenía unos ojos verdosos y una estatura mediana, pero su complexión era fuerte y desajustada hacia la derecha. Quizá su impresión fue ver a un tipo que se paseaba como un león enjaulado. Su primo le dejo entrar en la celda, en su interior, G. pudo sentir un frio sobrecogedor, pero no le dejaron respirar, el tipo le clavo rápidamente su mirada. El león se había detenido, y analizaba un nuevo Latimer o un nuevo Montes. Detrás de él aun pudo escuchar: “bueno aquí les dejo”. Se habían quedado a solas, las piernas le temblaban. El tipo le señalo una silla a su lado. Miro a su alrededor mientras se sentaba, aquello era un bonito apartamento, una mesa, varios muebles, tal vez otra habitación al atravesar una puerta mas alejada y casi al final lo que se imaginaba sería un lavabo y se dejo caer. Tony G se sentaría en otra, pero la giraría para ponerla al revés, apoyando sus dos brazos en el respaldo.
_Tu eres… -dijo, su voz parecía a la de un locutor de radio, melosa, con graves que se amontonaban al final de cada frase.
_Si, yo soy el hijo del Viejo -le interrumpió secamente. Me llamo Gerardo Latimer, me dicen G.
_Algo me había dicho de ti Paris –pudo referir mientras le miraba, pero también podría haber dicho “me acuerdo de ti cuando visitaba a tu padre y jugabas cerca de su despacho”.
_He venido, porque he encontrado algunas cosas de mi padre y quisiera que…
_Hay preguntas que ni siquiera responden los muertos -cortaría con brusquedad y riéndose Tony. Con tu padre -se animó a explicarle-, estando el en vida, tuve algunos negocios en común. Nada más, solo una confesión que sus vidas se habían unido en una comarca donde los cruzamientos de las historias revelaban muchas traiciones.
_Precisamente a ellos me refería.
_El pasado no regresa -sugirió Tony G. e inclino la cabeza mostrando un cierto cansancio y fastidio. G Latimer insistió, pero maniobraba inquieto, dominado por la ansiedad: “Mi padre: ¿te sirvió durante un tiempo… material? Intentaba dar un rodeo para averiguar, que eran aquellas partidas entregadas hace años.
_ ¡Ah!, te refieres a la merca. Sabes –su interlocutor quería dejar salir aquellas informaciones que daban vuelta en su interior-, ayer, yo recordaba al Mudo que ayudaba a tu padre, aquel que siempre me recibía, creo, era su secretario. ¿Que fue de el? G se sorprendió e intento disimular, pero rectifico y le pregunto:
_ ¿De quién me hablas?
_Tu eras joven, el tío ese, se llamaba Sek. Era desgarbado, calvo, mas bien moreno, seco. ¿A veces dudaba si era mudo de verdad? Es que nunca hablaba, tan solo movía sus manos de aquí para allá, gesticulaba con lentitud y daba a entender sus prisas con un aumento de sus señas. Ese si que sabia bien lo que tramaba el Viejo. Cuando asesinaron a tu padre, desapareció como alma que le lleva el diablo.
_ ¡Creo que ya sé de quién me hablas! -parecía que G Latimer recuperaba el juicio-. ¿Era aquel que sabia estar con mi padre sentado en el bar de Paris?
_Bueno yo siempre le vi ocupar un sitio a la derecha y pedir su bebida preferida, una botella de Bidú Cola. Paris le servía con unas gotas de coñac. Era quizás un poco patético en sus largos silencios, y su libreta, donde apuntaba todo lo que se hablaba: ¡se me inflaban las pelotas de verle! Chico, te voy a hacer una confesión, una vez les pague a unos tíos para que le pegaran dos tiros…
_ ¿Al Mudo? ¿Y como acabo? Para G se habría por momentos un libro de aventuras.
_El muy cabron, se cargo a uno de ellos y al otro cuando ya le tenía en sus manos, el Mudo le compro, si le soltaría el doble de pasta. Yo me entere, -casi una semana después-, porque mis muchachos le pillaron y le hicieron confesar. Aquel soplón termino ahogado en el rio. Al final, me olvide del proyecto de cargarme al Mudo, pero mi buena pasta me costó; y él no me dejo de hacerme putadas a partir de aquella época. Tu padre me lo recrimino en una reunión a solas, pero yo le negué siempre el incidente. Es más siempre tuve mis dudas con respecto a ese tipo y su doble juego
_ ¿Era droga lo que te servía mi padre?
_…
_Las páginas que tengo hablan de ella -apunto G.
_Y… ¡para que coño me preguntas!
_Allí aparece una deuda de varios millones que tienes aún con él.
_…
_ ¿Tú crees que mi familia se puede olvidar? -G intentaba mantener el tipo-.
_Mira muchacho, tu familia eres tu y tu madre. Ahora sois poca cosa para apretarme. La cara del tipo se aceleraba y las comisuras de los labios se habían llenado de espuma blanca, su mano izquierda había comenzado a dar pequeños golpes en la silla. G empezó a dudar, que le podía pasar al reclamar aquello, el tipo estaba encerrado. O, tal vez Paris le hiciera la faena. Por las dudas cedió y dijo:
_No he venido por esa deuda, sino por la otra. Quiero saber quien estuvo detrás de la muerte de mi padre, se lo debo a los Latimer aunque seamos pocos como tú dices.
_Mira chico, yo no mate a tu padre. Los tiros vienen desde el político, el tal Ruiz, el mismo que me ha perjudicado. G intercedió, intentando evitar el mosqueo:
_Dame una pista que me permita seguir la búsqueda y creer en lo que dices. Tony G le mira, aguanta de nuevo su impertinencia y tal vez siente lastima hacia el joven. Antes de comenzar a contestar, abre la boca, saca una lengua larga y rizada, la mueve varias veces. Esto se acaba -pensó G-. El otro dice:
_Te voy a contar un chiste y una moraleja. Dicen que un cura daba la ostia a varias feligresas, hasta que un día vino una vecina nueva a vivir al pueblo. El monaguillo nervioso esa mañana antes de dar la misa le dijo al sacerdote:
_Padre, no tenemos suficientes ostias, ¿qué hago?
_Ve y coge un trozo de plástico de aquella pandereta y la recortas parecida. El día de la misa el sacerdote sirvió a todas las feligresas la comunión. Una vez terminada la misa, se le acerco la nueva, y este le saludo con simpatía y le pregunto si se sentía bien en la parroquia, si le había gustado su misa, etc. Ella le contesto que si, pero le apunto con cierta ingenuidad:
_Disculpe padre: ¿el material del que hacen las ostias es el mismo que en las otras iglesias?
_Es el cuerpo de Cristo –respondió el sacerdote con cinismo.
_Pues mire Ud., a mi me habrá tocado la polla, porque mas la chupaba, mas dura se ponía. G estallo de risa, aquel tipo le estaba cayendo simpático.
_ ¿Quieres conocer la moraleja?, le pregunta el grandullón.
_Si.
_En el asesinato de tu padre recuerda que lo parecido o similar no te dará una respuesta. Se puso de pie, se dirigió hasta la reja y golpeo con el cazo en ella. Pasados unos minutos, apareció un guardia e introdujo la llave. G se puso de pie, se dirigió hasta la salida, cuando iba a atravesarla Tony G. estira su brazo derecho y le da un fuerte golpe en su hombro.
_Ten cuidado -gruño. Te haré llegar alguna pista.

Una vez fuera de aquella jaula, aspiro con fuerza, sus pulmones se agitaron, expulso su contenido hasta recuperar la sensación de tranquilidad. Necesitaba una copa, miro su reloj ya casi era el mediodía. Camino hasta su coche, pensaba con obsesión en Tony G: “¡cuánta pasta me debe!” –Exclamo en voz baja-, para él y probablemente aun para su padre aquellos cargamentos continuaban sin pagar. Al llegar a la casa debería buscar más datos, quizás, ¿en aquel cajón? Era también necesario encontrar al Mudo, -¿y este tío como se llamaba?-. Le preguntaría a su madre, o en los papeles referidos a salarios, o ¿en las fotos antiguas? De alguna forma debía dar con el, no podía habérselo tragado la tierra. ¿Y sus notas? En aquellos papeles que apuntaba en cada reunión, ¡claro las notas que escribía!, ¿donde habrían acabado?, tal vez se hallaban en el refugio. ¿Y esa cueva con sus pasadizos? Ni siquiera la había revisado a fondo, debía hacer un esquema e ir investigando paulatinamente sin levantar sospechas. ¿Y el político? ¿Como podía llegar hasta el? ¿Y si le pegaban o amenazaban? ¿Y si contrataba dos matones para que le protegieran? ¿De cuanto dinero disponía? Tenía que hablar con su madre y pedirle dinero. Pero, ¿que podía explicarle? Ella era muy asustadiza y se echaría atrás. Además, ¿hasta donde conocía la doble vida de su padre? Y, ¿hasta donde le interesaba compartirla con ella? La pasta es la pasta –pensó. No compartiría con nadie aquellas cuentas pendientes. Detuvo el coche frente al bar de Paris, se apeó y camino en dirección a la barra. A esa hora casi no había parroquianos.

Anuncios