by j re crivello

El sexo es como una emboscada. De la naturaleza. Cuando más le negamos, más nos recuerda su activo. Extraños personajes aquellos que nos recuerdan que es posible vivir sin ello. Tienden a construir su imagen en una disposición de servicio al prójimo. Parecería que uno debe disculparle ese abandono -de la fuerza interior. Si le rodea un uniforme. Una sotana por ejemplo tal vez le está diciendo que entre su espacio interno y el contacto con los demás, se han separado O, ¿el juego es perverso? Hemos aceptado que unos hombres -y algunas mujeres, se muestren con una renuncia. Ello les distingue, les agrupa.
Aunque, el volcán empuje intenso.
La existencia del burka, es la manifestación de otra renuncia. Parecería que los monos-humanos inventamos cofrades que aseguran su independencia con la renuncia. Pero
la lagartija invisible recorre nuestras pertenencias.
Y… puestos a ser, tan solo un sueño desbarata tanto control. A pesar que insistamos en explicar el equívoco, durante largos años.

Notas:
“La introducción de esta prenda se produjo en Afganistán a principios del siglo XX, durante el mandato de Habibullah (1901-1919), quien impuso su uso a las mujeres que componían su numeroso harén, para evitar que la belleza del rostro de estas tentara a otros hombres”.
“En los siglos XII, XIII, XIV y XV se usaba una sotana que llegaba hasta los pies. Los nobles discurrieron hacer en ella una larga cola para con este pretexto llevar tras sí un hombre encargado de sostenerla y con el objeto de que el envilecimiento de este nombre diese mayor realce y un aire de distinción al señor.

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