By J re crivello

Dirá el tuitero Alejandro Carrillo: “escribo para que el agua envenenada pueda beberse” y… hoy es lunes, probablemente es cuando el agua baja más rancia y escuálida. Tal vez cargada de celos, o de envidias o de un orgasmo resuelto a medias o tan solo en una ducha con un sifón de aquellos antiguos pero relleno de gel y agua moderna. ¡Sifón de ultima!, y deseos que escapan del control impuesto por la rutina y las obligaciones.

Pero diremos que escribir es un espacio que invade mundos angelicales que no se atreven a ser despellejados por la diaria lucha de los cuerpos. De las emociones. De un miedo –podemos convenir,  puede salir una agresión por no dominar aquella siesta que vuelve una y otra vez de dos padres que discuten sin más intento que despedirse de la mala combinación, de una hembra que rozaba con su mirada y un macho que se suponía menos intenso y más compañero.

Que, ¡uff! no se me dan bien los lunes. Es como un rio que desea urdir una excusa, pero debe poner los críos en el cole, lavar los dientes en una perola o apretar aquella barriguita que molesta por ser mujer y necesitar estar guapa. Pero es también un rito antiguo en los cuellos blancos: ajustar la corbata para dar esa apariencia que el cliente y la empresa suponen debe estar. Y de tantas cosas supuestas e inútiles cargamos la espalda de neuras o apetitos mal resueltos. Ante lo cual una escena de sexo solo o acompañado es una minúscula impaciencia. Deberíamos probar con la sonrisa. Esta mañana cuando caminaba en la playa solitaria de Vilanova –mis sesiones del verano de 7:30/8:30 con mi amada han comenzado- un tipo venía de frente, en su camiseta decía: One smile.

Anuncios