“Estoy haciendo una reforma en mi casa. Al cambiar los libros de un sitio a otro, finalmente me decidí llevar al Marx y Lenin para un cuartito al fondo. Y también me acordé de lo difícil que fue obtenerlos y mantenerlos por una cierta época. Nosotros, cuando lográbamos obtener ciertos libros, nos parecía que la revolución se acercaba por eso” dixit Maray en un comentario del blog.
Me he levantado temprano –a las 6, mi mujer está finalizando un trabajo de las emociones y al quedarme en la cama me asaltó el pasado. Mi madre cabalgaba desde la infancia y no lo pude soportar. Pero llevo varios días dándole vueltas a un asunto, hasta que encontré el comentario de una excelente blogger que escribe en idioma portugués.

¡Qué asco!
En aquella época, pensábamos que cambiar el sistema era asaltar la ciudadela del Estado y desde allí gobernar por decreto. Vivimos la experiencia de Salvador Allende, luego la afrancesada de Mitterrand, y las del capitalismo de Estado (Vietnam y otros). Todo se fue desinflando hasta empujar los libros y la revolución al trastero de casa, y pasarnos al Reyki o a la acupuntura.
Tiempos de inagotables energías y adorables sueños. Veremos pasar muchas cosas aun. La desmaterialización mercantil (¡glup!), digamos la pérdida de valor de las mercancías; la ruptura con el modelo de consumo y su sustitución por el de recursos limitados, la aparición de los robots y la emigración de nuestra conciencia hacia ellos, la aparición de sectas lunáticas que deseen amar a un nuevo Mesías, las clásicas guerras de recursos. Y… ¡aun no habremos tomado el Palacio de Invierno!

#•Probablemente porque algo hemos aprendido desde la cultura hippie, que este palacio reside en nuestro interior.

El artículo aparecé en uno de mis libros mas antiguos, ver Link

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