By j re crivello

A veces paramos en la esquina y observamos. Hacia atrás una señora mayor con su perrito. De frente un tipo joven musculado –de los que se afeitan los pechos en los gimnasios. Y uno que parece de otro estío. Terco, de nalgas redondas y silencio sexual –vamos un dominguero distraído.

En esos descansillos la adrenalina se desplaza y uno desea transformarse en la señora de tacones que lleva un traje de armiño y varias joyas y decirse a sí mismo, cuando se pinta y da colorete, que el tiempo ha corrido y quedan chuscos por venir. Pero si monta en la otra bicicleta, la del tipo del body y windsurfing, acabara cabalgando unas cañas de cerveza sin saber si los acompañantes serán rosas o bisex. Es que por alguna razón: ¡acabo escapando de la carretera del sexo ardiente!

#en definitiva, ir a misa y cumplir con Dios nos calma de las encrucijadas espirituales#

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