Amigos… aún queda de esta serie mañana Circo. buen finde -j ré-

by j re crivello

Gansos
Era tarde. Detrás del portal, un hilo de luz se colaría por una ventana. Dentro un amargo aceite. Una mala cacerola rellena de patatas fritas. En el humo y el olor del comedor-cocina nos parecía que mataban la sauna de naftalina que su dueña poseía cual marca personal. Dos gansos esperaban sobre la mesa. Maniatados. Sin más ardor que escapar de su fin. La hoja de la cuchilla les abriría el cogote en un infierno de sangre. Mesa triste. Presidida por una dueña con delantal blanco chorreando de calor. Hasta sus sandalias llegaría un riego en color rojo. En esa dieta: “de pechuga de pavo le habían dicho que estaba la salud”. Luego meterles en el agua caliente y quitarles las plumas. En ese esfuerzo de carnes y salpicaduras, la asesina-cocinera dejaba mover sus dos nalgas dentro de un vestido aceituna. ¡Quién diría que una vez hecho añicos irían a compartir o arroz, o fritura, o puré! Ella esta prevenida, debía dejarles boca abajo en el patio. La sangre iría bajando hasta licuarse de su vida. De la del ganso. Dos horas tardaría aquello, con ducha incluida de la matrona para escapar del estropicio de plumas. Pero esa práctica semanal le proveía de carne de junco y avellanas para mantenerse en forma. Solo le molestaba una nota, que ella siempre tenía la delicadeza de apartar. Iba en las patas de uno de los animales. El carnicero ponía, con letra redonda: “déjeme señora que se los entregue muertos y listos”.

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