Aunque es domingo, lo prometido es deuda -j re-
En la nieve redonda de esta esfera que visitamos cuando niños, todo es posible. Tal como, la fealdad del amante de la princesa que viste de blanco, quien es prototipo de algo que no percibimos. Ni los enanos tan desmesurados y hartos de ser lo que realmente son. Ni los leones aburridos y escasos de ritmo y maldad, ni ellos nos parecen tan esclavos del poder de su domador. Ni las motos que corren enloquecidas dentro del globo de aluminio a punto de desequilibrarse, ni ellas son lo que son. Ni los que se montan cerca del cielo y con sus piruetas cambian de casa volando en el aire. Ni esos son lo que son.
Porque si algo nos atrae de esta creación artificial de magia y audacia, es saber que dentro de esa lona de olor nauseabundo. Allí dentro, está dicho que reiremos, conoceremos, y veremos un mundo increíble y sin aliento. Y al salir será pasto de nuestros recuerdos. Uno, dos, hasta muchos días pasados los años en que asomados al espejo, se nos aparezca tan increíble como aquella jornada.

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