by j re crivello
Las mercancías revisten una forma doble, valor de uso y valor de cambio y se reflejan en la Teoría del Precio. Diremos que “la relación de valor entre dos mercancías, pues, proporciona la expresión más simple del valor de una mercancía”(8). ¿Que nos quiere decir Marx con esto? Que los diferentes productores intercambian las cantidades que creen les ha costado producir (su labor o tiempo). La ideología les lleva a reducir el coste para optimizar el intercambio y mantenerse en el mercado (optimizan su capacidad competitiva), con ello incrementan la fuerza productiva, reduciendo la cantidad de trabajo que contienen las mercancías.
Debemos decir que Marx prescinde en este análisis del concepto de Dinero. Para ello es necesario considerar que una de estas mercancías (el oro), históricamente se independizara y será reconocida como equivalente general de aquellas*.

La galaxia de los marxistas poco entendió estas afirmaciones (me incluyo como ex en su momento), la civilización anunciada descansa en la utilidad, pero la representación física del tiempo de trabajo se reduce, ¿vamos a una sociedad de ex capitalistas? O ¿A una sociedad de cada vez menos trabajo? Y… tendremos que reducir el tiempo de trabajo universal, las ocho horas. O tal vez trabajar diez horas diarias pero tan solo 3 o 4 días a la semana.

Pero un cambio se está operando en el corazón del capitalismo
, los Drones llevaran hasta los consumidores sus mercancías y los servicios que proporciona la red digital consumirá millones de horas dotadas del valor que les adjudica un producción virtual que vale lo que sus consumidores aceptan pagar, pues es un precio percibido por algo que podremos consumir o no. Antes un seguro de coche lo contratábamos en una oficina física donde sus empleados daban fe de que si ocurría aquello nos cubrirían el accidente. En internet las compañías de seguros ofrecen servicios basados en la confianza virtual. El gran almacén Amazon distribuye productos físicos pero también satisface necesidades virtuales (libros, discos) que no existen más que en millones de páginas digitales (ya ha vendido 1800 millones de páginas de libros el año pasado) y el consumidor acerca su uso a un valor de cambio cada vez más reducido, más low cost. Toda esta inmensa masa de mercaderías no-físicas inunda el planeta con su correspondiente equivalente en dinero. Nos encontramos con montañas de basura digital asentadas en la cultura de la imagen y del doy fé que eso es cierto. El mundo digital canibaliza al físico estableciendo una corriente de bits compartidos que re-fundan el capitalismo y con ello el valor de cambio.
Los precios se reducen, los empleos se reducen y la masa de mercancías digitales (servicios, dinero digital, mercados de futuros, etc) crece como una masa gigantesca construida sobre la frase:
Doy fé que eso es cierto.

Así el valor de cambio crece tal cual masa gigantesca parecida a la montaña de oro que atesoraba Mc Pato; pero cada vez es más pequeño en su relación con la utilidad, con el valor de uso de las mercancías. Y… sin utilidad mercantil el nuevo mundo se derrumbaría y su caída mostraría el capitalismo antiguo sobre el que reposa. Cada vez menores mercancías físicas y cada vez la menor cantidad de dinero real que les representa.

¿Estallara esta enorme bola? Les invito a un café… de aquí a unos meses hablamos.

Notas:

(1) pág. 45, Libro 1, Vlo. 1, Edit Siglo XXI, Edic año 1978
(2) pág. 47, idem
(3) pág. 49, idem
*”el valor de los objetos para el uso, cuando se los intercambia, se regula por la cantidad de trabajo requerida de manera necesaria y empleada por lo común para producirlos. (Some thougths on the Interest of Money in General, and Particularly in the Public Funds. Londres, año 1739.
(4) pág. 50. Ver también pág. 56 y 57.
*Ejemplos: el movimiento del software libre, las mercancías casi gratis o días etc.
(5) pág 51, idem
(6) pág 51, idem
(7) pág 57, idem
(8) pág 59, idem
*Para quien le interese puede ver la página 68 y subsiguientes.
*Dedico este artículo al grupo con el que leí por primera vez El Capital con 22 años en Barcelona. La anécdota es simple: el grupo estaba dividido entre los que creían que no se debía pagar al profesor por esa tarea y los que opinaban lo contrario. El mundo está lleno de fantasías…

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