by j re crivello

A carmín intenso y fécula de pan. El vecino ha decidido regar, su cuerpo de aceite de plátano, para enfundarse de amor. O, tal vez, fabrica un inmenso bocadillo para arremangarse ante tanta inquietud frente a lo que vendrá.

Sea por uno u otro, esta noche se presenta abstemia. Se ha acabado el alcohol, la droga ya no me sienta, mi pájaro esta oxidado y triste en la jaula. Y… ella ya no llama, debido a que posee otro amor tierno y guapo. Tierno y alegre. Me he quedado solo. En este resto de aplauso, ante una actriz torpe… de vodevil. De astucia para ganar dinero de los turistas. ¡Ya pueden llamar los que venden platos pre-cocinados!. No estoy. No esta ella, que se ha marchado, porque soy vil y muero ante la presión diaria.

Suena el timbre. Abro la puerta. Del otro lado una mujer canalla, de la vida. Se ofrece por un servicio. Le rechazo. Con ello me aparto de un sermón estúpido de domingo.

Suena otra vez. Abro. Allí esta ella. De ojos verdes, de cama dura y jabón de la cadena de supermercados Dia. Dice: me he arrepentido.

“Te quiero a ti y tu poca novedad”.

Yo le beso. Me creo su historia. Soy feliz y me acuerdo de mi abuela de cara dorada del sol, quién me decía: ¡Porco Dio!

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