By Juan re-crivello

Pero vive y late en nuestro interior. Es una enorme boa que se quiere tragar hasta los detalles  más ínfimos. Es motor de la duda y sentido de que millones de personas no fueran capaces de resistir a los dictadores más viles.

¡Caray!… No sé con qué se combate el miedo. No soy un experto. Se nace con él, o se adquiere en un punto estable de la galaxia cuando uno es pequeño. Pero si no se posee este en tanta cantidad, para uno es posible asomar su carita en la esquina para ver pasar la alegría.

Se puede ignorarle, se puede apartarle o como dicen los coachs se puede dejarle fluir. En este aspecto el miedo social, la búsqueda de alguien que monopolice la fuerza -por ti- es una actitud que practica mucha gente.

Y si el miedo está unido al pecado. La respuesta es de otro calibre. Sin molestar a los religiosos, diríamos que confesar un pecado o varios en la larga hilera de confesionarios instalados en Madrid: ¡Alivia!

Pero de que nos aliviamos, de tener miedo a ¿haber sido insinceros con nosotros?  Nadie garantiza nuestra libertad y felicidad más que nosotros mismos. El miedo social (y cultural) es una capa que deberíamos gestionar en nuestra esfera privada. Menos líderes de la moral existirían (menos Mao cuajarían)

“La primera mitad de 1955 fue sencillamente espantosa […] con nubes negras por todo el cielo. […] En todas partes nos maldecían. La gente decía que no éramos buenos. Todo porque [les quitábamos] un poco de grano. En la segunda mitad del año, las maldiciones desaparecieron. Ocurrieron algunos acontecimientos felices. Dos de ellos fueron una buena cosecha y las colectivización, y otro, la purga de los contrarrevolucionarios”. Mao (1)

Notas

(1)El terror llevo a la cárcel a 750.000 personas. Mao, La historia desconocida, autores Jung Chang y Jon Halliday. Edit. Taurus

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