By Juan re-crivello

La mosca vuela y se agita. Bajo sus faldas esconde una muesca de orgullo y desazón. ¡Caramba!. Había olvidado el monederito rosa de las ilusiones.

La siete vidas que suponemos nos pertenecen, algunos, a veces las queman antes -de recuperar el espacio que todos suponemos está cerca de la muerte. Un pasito más allá, aparece un territorio lleno de gris y silencio, adivinamos que está macerando una cuenta pendiente.

Detrás de su mirada azul. De su andar lento e impreciso. Estaban, la larga amistad entre Barcelona y Grecia. La sandia hueca y roja, con ombligo del Mediterráneo. Un largo paseo diario, entre el centro de Atenas y el Pireo. Ida y vuelta.(1)

Ida, con la dorada pieza de mentira que nos proveía la mafia griega. De vuelta con el estómago sediento de alcohol, de la tarde, en el cercano mundo del turismo extranjero.

Y vuelta. Una nube de cieno que le rodeaba en los últimos días de Barcelona. El caballo, la heroína -ya le visitaba- con deseo de venganza. Venía en busca de su espíritu. Le llevaba hasta un lugar plano y seco. De éxtasis, pero de muerte.

Ni el Barrio Chino que juntos pateamos –una, dos, miles de veces. Ni el ácido prestigio de las putas que bordeaban el acantilado del carrer Unió. Ni la llamarada que crecía en la Plaza Real y amenazaba con dar fin a nuestra juventud ciega y ágil. Nada podría quebrar. Pero, él se quebró. Y este escritor lunático se apartó, del deseo caníbal. Y una larga, tormentosa noche con un trueno de color rojo le consumió. El caballo, la Atenas calurosa, la Barcelona china, se olvidaron de un mitómano:

“Turbio, santo, amigo, e incapaz de poner el ego a su servicio”. (2)

 

(1)Memorias y cuentas pendientes. Juan re-crivello

(2) “Dedico este articulo a Luis, quien me regalo el libro –de Antonin Artaud– y luego fue prisionero del caballo que se inyecta y mata”.

 

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