By j re crivello

Milton esa mañana decidió preparase un bocadillo de salchichón, nadie sabia si aquella manera de cortar el pan era propia de un trabajador de cuello blanco, pero se le hacia tarde y la oficina no esperaba. Antes de envolverlo en papel de plata su mano toco con una fotografía antigua.

¿Cómo había llegado hasta allí? Era de un señor de frente ancha, nariz fina y gruesa y con un bigote de hace 60 años. Era uno de sus abuelos. Decidió buscar una chincheta y lo dejo clavado en la pared de la cocina. Por la noche al regresar le vio nuevamente al entrar. La intriga iba en  aumento. Los hombres parecen guardar en conserva aquellas relaciones que son tan cerca en los genes pero tan olvidadas en la realidad. Fue hasta una salita que tiene y usa de despachito y extrajo un lápiz de un cajón. En un papel puso: abuelo y llamo a su madre Doria Milton. Luego de los saludos de rigor le preguntó:

_ Del abuelo Milton Z. Z. ¿sabes si le gustaba cocinar?

_¿Qué pregunta mas extraña? –diría su madre, una señora rubia, de barrio centrico y acostumbrada a besar con lengua hasta sus actuales ochenta. Según su confesion a una amiga la lengua era parecida a un violin mientras más antiguo más sabroso su sonido. Milton puedo oir: Tu abuelo era un cocinero regular, le gustaba comprar unas lionesas excelentes en una pastelería del barrio de Gracia y las traía cada domingo a la mañana donde nos levantaba para su show.

_ ¿Que hacia?

_Bailaba y cantaba durante unos 15 minutos. Tenía una excelente voz.

_ ¿Y que cantaba?

_Eran pequeñas operetas que hablaban de amores perdidos en un italiano pasado de moda. Nosotros al no entender lo que decía nos imaginábamos cosas. Tu hermano batallas navales, y yo amores que atravesaban mares en busca de ideales. “Era él ¿mecánico?” “Si”. Milton M se despidió. Luego divago por su piso sin rumbo hasta toparse con otra foto donde aparecía su abuelo y el, con casi cinco años. Estaban subidos a un burro en una feria. Y Milton comenzó a llorar. Una agua salada y amarga permitió saliera de su interior una tristeza absurda que le acompañaba desde pequeño. Estuvo allí sentado hasta medianoche en que pronuncio un monologo sin atreverse a detenerlo. Aún recuerdo que una parte apareció en sus papeles apuntado en lápiz fino y decía aproximadamente así:

Los amores infantiles suenan escasos y muerden en cada uno de nosotros. Queremos levantarnos de una pena y reímos asediados por multitud de distracciones pasajeras: sexo, bebida, facturas, remordimientos. Pero las emociones caben en un puño. Allí están los altibajos de la vida. Ni la caspa, ni el calzón sexi atravesando la duna en verano es tan difícil de contener como aquel extraño y gris lamento por nuestros seres amados. Milton M cerraba la nota:

#la sopa de calor intimo es tan necesaria#

Aún recuerdo que aquel papelillo se mantuvo en mi despacho durante años y firme muchos contratos a partir de la pregunta ¿Y eso que significa?. En mi caso sobrio y ligero respondia es de la familia de Milton M. y un relato de los tantos que explicare aqui, salia de mi boca para seducir y llevar a mi cliente a territorios fascinantes.

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