By Juan re-crivello

Es una luz que se manifiesta sin fuerza, es como una mosca cansina que gira una y otra vez hasta esperar que acabe el lio en la que reside.

Ayer al cruzar el pie pude observar que mi zapato no estaba limpio. El barro de la calle, sin asfaltar y después de una larga lluvia me molestaba. Las grandes ciudades tienen agua y ricino en sus casas –pensé. Al mediodía la paja del granero se habrá terminado, y el gran año de cosechas prometido será una aventura breve y envidiable. No quise desmayarme, ni dejarme arrastrar por la desazón, más bien camine dos calles, esquivando barro para dar con la granja de Emiliano C., en esta parte del pueblo –a las afueras, tenemos todas las desventajas y pagamos lo mismo que en el centro. Él estaba con los animales, entre por el lateral, pronuncie su nombre y un gigantón me recibió. Estaba malhumorado, el tractor parecía muerto y la vaca del fondo anhelaba dejar de dar leche. “Problemas” –dijo. Le manifesté que el año venia atravesado y que carecería de paja para lo que quedaba de invierno. El solo respondió: “será una novedad si todo viniera bien”. Me resarcí de verle en la misma necesidad y conté mentalmente el nivel de mis ahorros, luego dije. “Tal vez necesite para uno o dos meses” El comprendió y dijo: “no te preocupes mis animales no se lo comerán todo”. Me quede allí ayudándole con el tractor e inexplicablemente su motor volvió a dar. Antes de marcharme mire en dirección a su cocina, sola y abandonada desde la muerte de su mujer. Le pregunte: “¿le apetece que le guise?”. “No”

#A los hombres solos -de campo- cuando se les cambia la vida, se transforman en viudos#

En el camino de regreso, ni barro ni ostias, una mujer como yo, divorciada y llena de vida debía permitirse el regreso del sentimiento. Mire a mi derecha, un bosque largo, denso, verde se movía acompasado de una leve brisa, como temiendo que este invierno remontase con más frio y lluvia. “Mi corazón ama la primavera” –pensé.

Anuncios