by j re crivello

“Déjame sola”, así se llamaba el aguardiente que esta joven emprendedora divorciada, con una granja y que vivía a dos pasos de la explotación de Emiliano C. y destilaba desde hacía tres años.

Dalia Z, había puesto todos sus ahorros en ello, eran 50 cajas de 12 botellas de color blanco cristalino que producía cada mes y llevaba al piso de Agapito Prudence. Él se ocupaba de venderlo en el mercado negro en Barcelona. Se recorría los garitos y los puticlub y poco a poco el aguardiente “Déjame sola” era la etiqueta preferida de cada vez de más gente. –Fragmento del relato Luz y aguardiente que menciona Conchi Minguez.
Al escribir y publicar cada día nos sometemos a las respuestas de extraordinarios lectores que intuimos agazapados, o que habitan en islas de soledad o de intercambio. Da igual el estado de sus vidas, pues recibimos una respuesta, o varias desde su cercano oído que vive atento. ¿Qué sería de nosotros escritores de verbo rápido y pensamientos sucesivos sin estas fugaces estrellas que nos deslumbran? Por ejemplo Conchi Minguez nos dice:

¿Sabes Juan?…leer tus escritos es como ir en un coche de carreras o una moto de muchos cilindros (no entiendo de motos)Empiezo a leer normal y conforme avanzo me voy metiendo en el personaje, en sus pensamientos rápidos, en sus palabra a veces que atropellan de una manera genial…y la mente vuela ¡si, si, la hace volar para alcanzar los sentidos y sentires de los personajes!…es como tomarse el aguardiente y salir corriendo…cuando llego al final además de quedarme pensando, tengo que respirar hondo…y no te rías que es verdad… Abrazos

No me rio, yo también me he montado en esa moto y he bebido ese aguardiente, y lo único que me distingue de los acompañantes/lectores es que cuando me bajo se suben ellos.
#es… una cuestión de tiempo#

Anuncios