Amigos, en esta serie regreso sobre aspectos que influyen y codifican nuestros comportamientos a diario, creo que serán tres artículos -J re-
“Yo admiraba la aptitud analítica de Dupin, que a él le encantaba ejercitar.
Puedo ver el interior de los corazones y de las mentes de los hombres –solía presumir.
Después me lo demostraba diciéndome cosas íntimas sobre mí. En ocasiones, incluso podía leer mis pensamientos simplemente por medio de su poder de deducción” Edgar Allan Poe (1)

Dirá Zygmunt Bauman que la gente común denomina estar enamorado a un “comportamiento adictivo, [que] se reduce a la excreción de oxitoxina, una sustancia que nos hace disfrutar del sexo. El problema es que la droga es producida sólo por un tiempo limitado, como si hubiera sido diseñada por la naturaleza para mantener a la gente unida por el tiempo que lleva tener mucho sexo, un niño y cuidarlo hasta niveles aceptables”(2).

A partir de esta consideración, históricamente la ruptura del mundo religioso y los tabúes han permitido aligerar la carga espiritual por el cual nos casábamos o procreábamos. El matrimonio, como institución, establecía unas reglas sobre el amor. En nuestros días, la fragilidad de las relaciones es mayor debido a que los acuerdos están menos expuestos a la reglamentación del clan o del estado o de la continuidad de la especie.
Para Mark Honigsbaum, en The Observer -citando a Bauman- dirá que estamos asumiendo abiertamente “el deseo que exalta el cuerpo para la actividad sexual y sus placeres por ellos mismos”. Con mayor asiduidad vivimos un “sexo sin amor, sin compromiso, sin lazos, sin pensar en sus consecuencias, que no debe ser visto como pecado o como algo por lo que ninguno debiera sentirse incómodo. Estos y otros mensajes similares son recibidos positivamente por su promesa de mitigar los tormentos espirituales que sufre mucha gente” (2).
A diario, observamos que la ruptura entre amor y sexo implica considerar el deseo como consustancial a la especie animal. Deseo significa, descendencia y es una pulsión biológica. Pero, junto al deseo, está la seducción, el intercambio de sentimientos, el orgullo, la dominación o la dependencia y la memoria de hechos pasados (3), que aparecen en el vasto escenario de la conducta de conformidad o de desviación del consenso social.
En este juego, los papeles masculino y femenino han sufrido cambios. La mujer ha roto su rol pasivo; ahora ella establece su motivación e intercambia de forma desinhibida, algo que antiguamente pertenecía al rol masculino. Hemos descubierto que los lazos son efímeros, parecidos al intercambio. ¿Qué sujeta a uno con el otro, aparte del sexo? ¿La compañía?, o ¿la soledad?, o ¿la locura que despierta el amor de los primeros años? ¿Es positiva esta avidez de sexo sin compromiso? Diríamos que tal vez es necesario. Por primera vez, aparecen los impulsos reales de la especie. Observamos cómo se separan el intercambio de la institución, y también de las normas religiosas.
Pero Bauman dirá además: “cuando se refiere a los humanos, el compromiso es difícil de evitar. Cada encuentro deja atrás un sedimento de unión, y ese sedimento aumenta con el tiempo por los recuerdos de estar juntos. En la interacción humana ambos lados, simultáneamente, consumidores y objetos de consumo, y la soberanía del consumidor puede ser reclamada por ambos. El lazo puede ser roto, y rechazada la continuidad de una interacción, pero no sin un gusto amargo y un sentimiento de culpa. Es difícil engañar a la conciencia moral”(2) Pero la interacción convendremos, supone riesgo ante lo desconocido, ¿y también sometimiento?
Es aceptable considerar que la existencia de dos consumidores permita la autonomía entre ellos. Pero la ansiedad se manifiesta con la competencia ante la aparición de otros sujetos. La conciencia se comporta a veces como libertina, otras con doble moral, otras con egoísmo. Es aquí donde la crisis de los valores tradicionales que actuaban desde la moral nos ha dejado un vacío, donde los sujetos interpretan lo que Bauman denomina “las trampas de la conciencia”.
La situación descrita anteriormente debe ser considerada según Bauman en el ámbito de la idea por la cual, “en un mundo líquido, de flujos rápidos e impredecible como el nuestro, necesitamos, más que antes, lazos fuertes de amistad y confianza mutua. Los amigos, después de todo, son gente con cuya comprensión y ayuda podemos contar en caso de que tropecemos y caigamos, y en el mundo que habitamos incluso los surfistas más rápidos y los skaters más enérgicos no están asegurados contra esta eventualidad. Por otro lado, sin embargo, las mismas estructuras líquidas y rápidamente cambiantes privilegian a los que pueden viajar con poco peso” (2).
Esta interesante aportación, nos sitúa ante la metáfora del desplazamiento, de la agilidad, de la inteligencia emocional. Me desplazo. Hago surf, skate. Soy hacker y al moverme hago saltar las barreras del soft. Pero también, observamos cómo millones de emigrantes buscan nuevos hogares. Las películas de ciencia-ficción nos muestran individuos que se insertan en nuevas realidades. Navegar en internet o contactar con millones de web o blogs que cambian constantemente da una sensación de red más amplia que los vecinos de la calle o el bloque de pisos donde vivimos desde hace años. Los nuevos individuos están modulados bajo el prisma de la adaptabilidad.
Y esto nos asegura una buena dosis de angustia. Ante lo cual afirma Bauman: “hay un problema de autoestima y de confianza. El futuro está lleno de miedos. La vida parece un interminable juego de la silla, en el que cada vez que se para la música, uno debe competir por su espacio, es por ello que percibimos que cualquier descuido puede llevar a una derrota irreversible. Nos centramos en lo que podemos controlar: la seguridad corporal”.
Notas:
(1)The murders in the Rue Morgue, Edgar Allan Poe, pág. 7.
(2)Los extractos son un resumen de una declaración de Bauman publicada en La Vanguardia el día 31 de julio de 2005. Barcelona. España
(3)
La memoria es la resina
Seca y perversa
De hábitos y silencios pasados.
Juan re-crivello. Los genes de Mingo. Libro de poesía próximo a ser publicado
Bibliografía. de Bauman

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