By j re crivello

D. Re tenía la particularidad de elegir escenarios donde las curvas y las desconexiones le alejaban a comarcas en las cuales el ganado o los animales eran herejes de la raza dominante, pero también los lugareños se enfrentaban a la fe desde castillos y sueños particulares.

Mi padre D Re, de casi 1,90, peinado hacia atrás con gomina de las que vendían en bote de cristal duro y que al abrir escapaba un olor a colonia fresca, tenía una frente amplia, gafas de color de pasta de oscuro, y un bigotito cuidado con esmero. Al hablar miraba de lado como dividiéndose en la conversación, en una seguía la charla con su interlocutor y en la otra su fina ironía introducía la rareza que da la razón cuando estipula que somete el argumento del otro al sentido de la historia. Pero D Ré era un emprendedor, donde visitaba, donde escogía detenerse no más de tres años, abría un negocio y en su interior cabían la osadía de los moradores de esas comarcas raras y olvidadas de la ciencia y los telediarios.
D Re presumía de conocer la vida, de haberse agitado antes que ella y su resultado le daba un poso amargo. Solo existían los del poder y los trabajadores y… él quien era un seductor y conversador que movía ficha sobre las conciencias prisioneras de la monotonía existencial.

Aún recuerdo uno de los pueblos escogidos, de calles anchas, sin pavimento. Las aceras eran altas y de cerámicas azules y blancas. Casas bajas, y arboles plataneros gigantes. Un rio de casi 80 metros de ancho con poca agua pero de arena fina. Muchas veces al acercarme a esta estepa cristalina me preguntaba donde nacía tanta intensidad para estar ahí como una sed calma. D. Ré casi no iba al rio, él trabajaba de lunes a domingo. Con ello diremos que su trabajo era su vida y la vida social la incluía. Cuando digo esto aparecen las partidas de cartas, las cenas con los amigos, las salidas para echar un trago, y las mujeres.
Los buenos seductores profesan una fe ciega en sus posibilidades, Y D Re presumía de ello. Siempre estaba enredado en madejas femeninas que le incluían en sucesivas olas de mentira o de auto perdón solicitado y repuesto por su partenaire de ocasión
D Re era amable, de buen trato, simpático, cariñoso, amigo de sus amigos, pero su otro lado devastador fue con el tiempo apareciendo, el alcohol y la dejadez, o el maltrato a los que le rodeaban en olas de ira que sumaban adeptos y enemigos. El gran seductor estaba prisionero de una emoción muy intensa. Dicen los estudios que: “es probable que La ansiedad y la ira en su manifestación fisiológica comparten un amplio rango de características, por lo que cuando se experimenta la emoción de ira, si no es controlada la activación que produce, es muy probable que el bebedor sienta incitación de consumir más para mitigar sus efectos” (1).

En las grandes personalidades, las que no salen al escenario, pero viven dramas construidos sobre vidas donde el blanco o el negro se reparten sin cesar, D Re era un especialista. Lo que acentuaba este desgarro era la aparición de la mentira, en cada suceso D Ré conocía que su compromiso se resolvería en la siguiente mentira. (2) Por mi parte recuerdo muchas anécdotas, o si me permiten pequeñas cicatrices, pero la relación con su hermana R. Ré era única, aquello era indestructible y vencía a la ira, sometiéndola desde el amor. Aún escucho desde D. Ré el tono vital que les unía:
#Tú estarás allí cuando indolente venga con pena a buscar refugio de mi error. Y… ¡sé que estarás!#
D. Ré falleció rodeado de sus tres hijos de su nuevo matrimonio, de su mujer y su hermana R. Ré. Nunca pudo liberarse de su enfermedad. Como hijo, no me despedí, pero recuerdo sus pueblos llenos de vida, en comarcas donde los pájaros nadaban y los peces volaban y D. Ré abría una inmensa sonrisa nacarada, cursi para algunos, inmortal para otros.

Notas
(1) (2) Las tasas de recaídas se pueden cifrar en un 60-80% durante el primer año (Echeburúa, 1994), los episodios de recaída aparecen frecuentemente asociados a tres situaciones de alto riesgo: estados emocionales negativos, conflictos interpersonales y presión social. Ver informe Autores: Esther García-Rosado y Miguel Ángel Pérez Nieto Universidad Camilo José Cela

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