“Declara solemnemente el inicio del proceso de creación del estado catalán”, en un proceso “constituyente ciudadano, participativo, abierto, integrador y activo para preparar las bases de la futura constitución catalana” y declara que los partidos trabajarán para la creación de un estado independiente en forma de república catalana. Documento de Junts pel Si y la CUP presentado al Parlament Català

A veces escribir es mantener la nariz y el olfato dos metros más allá de donde los hipócritas de la Nación claman libertades que conducen a la guerra. Nada me permite, ni me permitirá aplaudir la construcción de una frontera que divida a los catalanes (y a los españoles y con ello a una parte de los europeos). La sabiduría humana se convierte en sangre que vertimos en la diferencia, en rumores de banderas que ponemos una encima de otra para con ello matar la identidad del que convive con nosotros y al que le apartamos para describir nuestro festejo, nuestra arrogancia por ser únicos e irrepetibles.

Dirá Zweig en 1914, en una nueva carta a Rolland: «Hasta hoy no había sido consciente de la profunda devastación que la guerra ha llevado a mi mundo humano, a mi mundo espiritual: debo abandonar la casa en llamas de mi vida interior como un fugitivo, desnudo y despojado de todo, para ir no sé dónde».
¿A dónde nos lleva tal insistencia en ser los que nos diferenciemos de los demás? Y… con ello dejar a la otra mitad de los catalanes como devotos de otro circo. Torpe espectáculo, de radicalidad, de demonios antiguos que resucitamos para festejos previos al enfrentamiento civil.

Europa está cansada de enfrentamientos y desfiles de banderas cretinas. De guerras o separaciones. Europa necesita de individuos felices que respetan a los demás y a las leyes y que aman la tolerancia y el pacto.

Zweig regresa con está cita… “Negarse a formar en el coro de los criminales y crearse una patria y un mundo propios más allá del tiempo”. (1)
Notas
(1) Stefan Zweig, año 1914

Anuncios