Este artículo aparecerá en mi nuevo libro en diciembre “The Pizza” -j re-

Le podríamos considerar un territorio sobrevenido, tal vez una instancia que aparece como un juego y se desarrolla sin complejos en la aventura.

¿Quién no ha atravesado un puente guiado por un mayor? Detrás se escondía la fiera intriga al acecho. Aún recuerdo el agua verdosa y triste de un pueblo de nombre Tulumba. La cicatriz del océano era pequeña al visitar un riachuelo que se defendía ante nuestras pisadas en aquella lejana aldea. El puente tal vez siempre aparece en nuestros recuerdos

¿Y un perro? ¿Quién no recuerda el hambre de nuestro compañero? En Tulumba jugábamos en las calles, en las pendientes de la sierra, en los trasteros de las viejas casas. Tal vez debamos confesar que las tardes se estiran en estos antiguos remansos de juventud.

¿Llevábamos pan, o galleta? La coca cola era el lujo que nos invitaba los fines de semana. El caracol estaba al acecho, la hormiga era tan engreída que picaba con fuerza. Al remontar el río entre las piedras alguna tarde, una víbora nos procuraba su temida intriga. Nos acercábamos para verle desde el alto del montículo. Y ella se retorcía y jugaba su papel de cínica bruja.

Notas:

La foto se llama “Children of Andes”. Publicada en 1985

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