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by j re crivello

Imprevisible, las relaciones de pareja son como dos gorilas en plena época de celo, se golpean sin saber si en aquella pieza de la corbata la mancha de carmín era real, o si él se ha olvidado de la fecha que es hoy: ¡15 años de casados!

De miles de maneras agotamos la fórmula que más éxito ha tenido en la humanidad: la pareja (aparte de la prostitución y el sexo en solitario de los sacerdotes católicos). Comemos pensando en ella, roncamos incluyendo a ella, hablamos de nuestras experiencias (el primer beso, la primera estupidez o el primer hijo) pensando en ella y cuando nos deja se nos hunde el alma, salvo aquellos machitos que ya tenían otra, dos meses antes pues su rabia les llevaba a inmolarse en solitario.
Y ellas, preparan la comida para todos, pulsan un botón y la lavadora de solo color se agita millones de veces, hablan con sus amigas y su marido es Dios o vive en la nube de al lado, se montan encima o debajo nuestro y parecen estar poseídas, o les gusta estar acurrucadas a nuestro lado con una manta viendo largas sesiones de pelis de amor envejecidas de actores que son tan naif que dan dolor de muela. Y cuando él les deja, no se hunden. Lloran, guasapean con las amigas, comen con las amigas y pactan la separación.

#Es un coche un que veo a lo lejos ¿se estrellará? La pareja es un buen invento si está hecha como el buen caldo… de complejas emociones compatibles#

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