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by j re crivello

Julia Jones y sus colaboradores de la Universidad de Sydney, al analizar el mundo de las abejas, han establecido que la colmena posee una estabilidad térmica que se mantiene debido al rol que realizan cada una de ellas.
Si hace calor en el interior, las abejas aletean para expulsar el aire caliente; si hace frío, se apiñan para elevar la temperatura para que ésta siempre oscile entre 32º y 36º. Una colonia proviene de una sola madre (la reina) y de entre 10 o 30 padres, lo que confiere al grupo una variabilidad genética.
La científica australiana ha descubierto, que cada individuo al acercarse a la salida del nido para realizar su tarea, con el fin de garantizar la estabilidad térmica participa alguien que pertenece a un padre diferente.
La división del trabajo en la colonia -dirá la científica- responde a un umbral de respuesta al entorno, el cual está condicionado por su origen genético. Como conclusión -de la autora- la división del trabajo es una propiedad emergente de la colonia.

De lo anterior, cabe reflexionar acerca de nuestra sociedad, el filósofo Carlos Marx decía que la división era ventajosa desde el punto de vista productivo, pero generaba desigualdades que se traducían históricamente en la formación de clases enfrentadas.
¿Podemos suponer que la división del trabajo, para nuestra sociedad, es también una respuesta al entorno?
Si afirmamos que el ser humano es un ser social, que su esencia expresa el conjunto de las relaciones que establece, nos preguntaremos: ¿cuál sería la propiedad emergente de la colonia humana?
Si observamos, la competencia y el intercambio son dos aspectos entrelazados. A través del primero, establecemos una concurrencia de valores construidos en el ámbito familiar, genético y psico-social. En el segundo, la concurrencia competitiva configura los valores medios del aprendizaje, de la adaptación o de las ideas que encierran una representación del esfuerzo individual.

Esta lógica con cierta probabilidad se establece por dos causas:
a) Aptitudes, donde la variabilidad genética podría predisponer a un trabajo u otro.
b) Actitudes, donde la utilización de la formación por el individuo le permite desarrollar sus aptitudes previas.

Nos quedan aún algunos interrogantes que responder, por ejemplo, si en la colmena cada individuo actúa según su entorno local, ¿cómo es posible que el conocimiento acumulado del grupo se gestione sin directivos?
¿Y en la colmena humana? Diremos, que la gestión del conocimiento, es viable mediante la propiedad o la gestión que unifica el tótem tan denostado: el mercado y la competencia. Pero el talento se gestiona en la empresa (pública y privada) en los cuales los modelos de gestión pueden variar en micro empresas, pequeñas empresas (el 80% del empleo generado en España) o en grandes empresas con un entorno donde sus negocios locales representan un 40 % de su facturación.

En la colmena española, se está produciendo una división en la gestión del talento de consecuencias imprevisibles, por citar; el sector público gestiona con unos criterios diferentes a los de la empresa privada, de tamaño multinacional. ¿Tres modelos?

Notas:
Links: Julia Jones

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