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Ayer he publicado un relato de Lucas Corso, hoy publico uno propio: “Macadam” y el miércoles en esta fiesta de relatos breves presentaremos de la escritora: Úna Fingal “El nombre de la Cosa”.
A los tres nos une un hecho en común vivimos en Vilanova i La Geltrú ¿Aquí nacerán los próximos grandes escritores? Si… esta ciudad ya es Macondo

By j re crivello

Macadam

El macadam estaba al rojo vivo. Eran las dos del mediodía. Aquel verano parecía caer con furia el calor y su inseparable ejercito de moscas y juanitas (1). La vida de los pueblos de provincia es lenta, fiel a una norma donde desaparecen sus habitantes tras las paredes de sus casas. El viento es suave y empuja un calor sofocante que se mete en los espacios vacíos. En esa situación, Ricardo torció a la derecha. La calle era de las nuevas del pueblo. Un acalde moderno y distraído prometía felicidad y futuro. A él, le importaba poco esa historia, sabía que la viuda estimaba más sus servicios, que la anchura y relativa fealdad del cemento. Golpeo en la puerta, por la parte de atrás, como siempre. Ella dejo pasar el pestillo, obligándole a entrar. Ricardo sabía que hasta en el más cochino infierno del verano ella prefería pegar brincos en una de las jaulas que tenía montada al final de aquel caserón. Le siguió, un pasillo oscuro, de techos altos hasta una habitación grande, con una cama de metales dorados. Le beso en las orejas. Ella grito, bebió del sudor del amante y expiro de tanto ardor. No fue necesario despedirse. Él sabía que el dinero estaba encima del tercer estante al lado de la nevera. Antes de guardarlo en su bolsillo, saco un trozo de hielo de la nevera y se lo paso por el pecho. Su pelo helado de fina crin se erizo hasta acompañar a su sexo, el cual estuvo nuevamente listo.
¡Y de forma inexplicable!, regreso sobre sus pasos a la habitación. Las nalgas de su amiga cliente estaban mirándole. Se detuvo al borde de la cama, sin más, comenzó un nuevo movimiento, hasta ver que aquella mujer le seguía en la ración extra de verano promiscuo. Mientras se agitaba su mente la ocupaba una cruel pregunta: ¿Qué hacía metido en una refriega detrás de otra, en un pueblo desasistido de futuro? Deseaba contener su duda. Quiso no pensar en aquella lastimosa herida que le recordaba sus incertezas. El griterío de su acompañante le confirmo que había muerto de placer. Se recogió. Decidió, ¿quizás? pasarse otra vez el hielo para aumentar su desdén. ¡No!. Fue hasta un armarito donde ella guardaba sus ahorros. De allí extrajo dos rollos de papel moneda. Mientras su amante moría, ¡qué carajo!, el reviviría en un nuevo espacio. Salió de la casa, el calor le dio un golpe en la cara, sin detenerse se dirigió a la estación de autobuses. Monto en un grueso animal de acero y caucho. El del ticket -pregunto:

“¿A dónde?”
“Más allá de la sierra” -respondió. El billete era un pesado papel largo y detallaba los pueblos que le llevaban a la vida de neón, droga, incienso y platino. Pago 10 Lev. Se apoyó contra el vidrio. Su larga lengua empezaría a repasar el cristal viejo y mugriento. Estuvo de aquella manera, meloso y triste hasta hacerse de noche. Al llegar a una estación, pararon para ir a los lavabos. Al regresar a su asiento, pidió permiso. Una rubia nacida de una yegua y un potro viejo –pensaría al verla-, arqueo unas delgadas piernas envueltas en una falda amplia, de naranja leve y lunares negros. Se miraron suave, con disimulo nervioso. La blonda malicia de su lado, era un calco de Marilyn. O mejor un despeñado circo, quien llamaba ante el agrio carácter del sexo sin amor. El esbozó una sonrisa. Pero no pudo disimular y de su lado salieron chispas, estupideces y rechazo. Nada era igual a lo imaginado, y nada sabía tan bien como la gominola robada en el kiosco –aquello, fue lo último que pensó. El sueño se unió al recuerdo y el deseo de su compañera de viaje.

El macadam reblandecido se pegaba a los neumáticos, el calor nocturno daba un poco de tregua y el autobús dejaba kilómetros a su espalda.
Notas:
(1)La Juanita
Tanto la larva como el adulto, poseen movimientos rápidos y ambos son verdaderos aliados del agricultor, ya que se alimentan principalmente de otros insectos (orugas y larvas diversas), aunque también lo pueden hacer con lombrices y caracoles.

Destruyen principalmente orugas de mariposas, siendo su huésped preferido la“isoca de la alfalfa”, de aquí se deduce la importancia que tiene para la agricultura. Son muy agresivos, se los puede considerar como verdaderos asesinos, ya que matan no sólo para comer, sino por matar.
Son insectos de hábitos nocturnos, aunque son atraídos por la luz artificial, salen de noche en busca de sus presas, permanenciendo de día, ocultos debajo de cortezas, piedras, troncos caídos, grietas, etc.
Como sistema defensivo, segregan un olor repugnante que hacen que las aves u otros organismos no los ataquen, por este motivo y por desconocimiento de su acción benéfica, suele ser eliminado por el mismo hombre. Fuente. http://www.diarioc.com.ar/produccion/Insectos_utiles-La-juanita/79280
Comentarios:
2 comentarios en “Macadam”
1. Javier Revolo
Juan:
Decirte que me gusta como escribes ya comienza a ser monótono, pero te voy a decir una cosa más, la lectura de tus relatos, para mí, requieren de una relectura (al menos dos lecturas) es siempre entonces cuando llego a los matices y a dilucidar la trama, cuando llego al disfrute.
Un fuerte abrazo y felicidades

2. juan re-crivello
Gracias amigo. Mañana comenzamos la serie de fotos familiares, he pensado, ¿qué te parece la ampliamos otros escritores?
un saludo juan

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